Jambo Kenia

Nairobi – Amboselli – Masai Mara

Nairobi, 5pm. Hace un sol que me derrite, acabo de deborar un plato de comida etíope y empiezo a escribir mientras tomo la última cerveza antes de salir hacia el aeropuerto para regresar a casa. Han sido 2 semanas en Kenia donde he pasado de bailar salsa a ver leones, sin duda, días intensos y pocas horas de sueño. Debo confesar que hasta hace menos de un año, no sabía en que parte de África estaba Kenia, lamentablemente el mapa de África no es algo que tenga en mi cabeza, magna ignorancia que me ha hecho sentir en los últimos años una deuda por conocer este continente. Sé tan poco que me he perdido de mucho.

Kenia, como otros países del continente, fue colonia inglesa hasta hace menos de un siglo, por lo tanto su historia reciente de colonización aún parece latir en el ambiente. La distinción entre personas locales y extranjeras parece atravesar todas las dinámicas, pues quienes no son locales entran en la amplia categoría de personas blancas, lo que se traduce en un trato claramente diferenciado. Y aunque generalmente es positivo porque los locales son muy amables y serviciales, cosa que valoro mucho, también es incómodo a veces, pues me hace sentir una blanca colonialista.

Ser «blanca» en Kenia ha sido una barrera imposible de traspasar, pues no hay forma de mimetizarse o pasar desapercibida. Estuve varios días en Nairobi y al principio lo único que había conocido era el «barrio blanco» donde está la sede de la ONU, varias embajadas, hoteles y restaurantes hechos para extranjeros, pues las advertencias sobre los posibles riesgos me mantuvieron dentro de los límites geográficos. Nada de caminar en la noche, absolutamente prohibido ir al centro, siempre tomar Uber, jamás un taxi en la calle y mucho menos transporte público. Pero resulta que esa no es mi forma de aproximarme a nuevos lugares y obviamente me frustró no poder caminar Nairobi libremente, visitar un mercado de pueblo o comer en cualquier lugar. En un momento pensé que era paranoia de extranjeros, pero todas las personas locales que consulté me confirmaron las mismas advertencias.

A pesar de eso, hice lo que pude para zafarme del la búrbuja blanca y aproximarme a la vida local, tanto así que conseguí que me invitaran a correr. Para quienes practicamos running, Kenia representa la cuna de los mejores atletas del mundo, y si, aquí todo el mundo corre. Y aunque este viaje me cogió en medio de lesiones y fracturas, salí a correr. Cris, el recepcionista de mi hotel (también atleta), una mañana mientras me preparaba un café, se fijó en mi reloj y me preguntó si corría. Así se dió una conversación que terminó en una cita para correr a la mañana siguiente. Tan emocionada estaba con la cita que esa noche, no sin antes darla toda, dejé la fiesta temprano para madrugar a mi running date. Correr con un keniata ✔, hacer un amigo local ✔.

Y como a los animales no les importa mi color de piel, la mejor forma de conocer Kenia fue en safari. Una experiencia que no se dimensiona hasta no estar allí, pues ver cebras y jirafas a borde de carretera junto a los niños pastoreando cabras, todos en un mismo escenario, es una imagen que me voló la cabeza. Estos bichos megafaunísticos están en vida silvestre por doquier, no se limitan a los parques naturales y la áreas protegidas, es normal encontrar un elefante en el jardín de la casa, no estoy exagerando.

Estuve varios días trepada en un súper carro safari desde donde vi el monte Kilimanjaro en todo su esplendor, tuve un pie en Kenia y otro en Tanzania, y por supuesto, vi muchos muchos animales en su hábitat natural. Elefantes, leones, leopardos, guepardos, rinocerontes, hipopótamos, cebras, jirafas, búfalos, pumbas, timones, micos, aves prehistóricas etc., fueron parte recurrente del paisaje. Los días de safari eran tan intensos que en las noches soñaba con jirafas y elefantes. Estando aquí vine a entender que el Rey León está inspirado en Kenia y Tanzania, entendí que todos los nombres son palabras Suajili, un idioma compartido por ambos países. Simba significa león, Mufasa: rey, Rafiki: amigo, Pumba: tonto, y el famoso Hakuna Matata, que significa no hay problema, es una expresión de lo más común. Y no solo la dicen todo el tiempo, también la cantan como lo hacían Simba, Timón y Pumba, pero en otra versión llamada Jambo bwana http://bit.ly/3NMDv3L

Unas mamasitas

Recorrí una pequeña parte del país, y aparte de Nairobi que es una ciudad cosmopolita, me encontré con zonas muy rurales, comunidades Masai que pastorean cabras y vacas, frutas tropicales, muchos cultivos de maíz, hortalizas y té, comida con mucha influencia india y el famoso Ugali, alimento base de los atletas élite que no es más que maíz blanco cocido, prácticamente una arepa paisa.

De los keniatas hay que decir que son personas súper tranquilas y buena onda, no viven al mismo ritmo que corren las maratones, por el contrario, se toman su tiempo para hacer cada cosa. También son gente divertida y espontánea, eso quedó muy claro el día que los trabajadores del hotel decidieron celebrar nuestra larga estancia y nos sorprendieron cantando Hakuna Matata y Waka Waka, mientras bailaban con ollas y cucharas a nuestro alrededor. Un gesto espontáneo con la única intención de divertirnos juntos.

Dormir con el sonido de las hienas “riéndose”, ser mirado fijamente por un león y asaltado por un mico, claramente no tiene precio. Como dirían Las Safaristas Pitucas, este viaje estuvo locazo. Asante Kenia.

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2 respuestas a “Jambo Kenia

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