India (por Andrea Barrera)

 
      Una de esas historias llenas de detalles literalmente increíbles, de un lugar tan exótico y diferente como lo es India. Este es un relato de Andrea, mi hermana y últimamente compañera de viaje. Aquí les va  La India, un lugar en el que algún día seguro estaré.

La India, primera parte

 
Desde un terminal muy feo, como suelen ser los terminales, en muy buena compañía, como se suele estar en los terminales y a punto de emprender la primera y más pequeña de una serie de historias que algún día serán merecedoras de ser escritas, retomé mi diario de viaje y empecé a contar lo que acá voy a escribir:
Era algún mes del segundo semestre del año 2007 y decidimos comprar unos tiquetes aéreos al azar, resultó ser la India, nada más y nada menos que un mundo lleno de incoherencias, sentimientos encontrados y situaciones inexplicables.
Nueva Delhi
Llegando a Nueva Delhi la primera sorpresa fue la cara de una niña, que al pedirme limosna, recibió una manzana verde y no supo que hacer con ella, es de comer, le dije, abrió los ojos y no pareció confiar mucho en mi. Supe que llegaba a otro mundo, donde los camellos y elefantes se enfrentan con el tráfico, donde los carros en la parte de atrás tienen escrito “Horn please”, las sabanas se secan en cuerdas en la mitad de los separadores y la mierda invade las calles.
Nuestro primer hostal  “Smile Inn” estaba al fondo de un laberinto, cuya entrada eran un par de orinales seguidos de una venta de lo que en Colombia serían pinchos y pelanga y que desembocaba en la calle más caótica que nunca antes había visto en mi vida.  Recorrer las calles de PajharJan (el barrio de los backpackers) es realmente un desafío, comercio, backpackers, comida, vacas, baños, olores, idiomas , es ridículo, pero al final se acostumbra y le coge el ritmo, justo cuando se va a ir, creo que de eso se trata la India, de cogerle el ritmo, por eso hay quienes la aman y quienes la odian, yo puedo decir hoy, que sin duda volvería.   En fin,  ese barrio es un buen lugar para quedarse y enfrentarse de entrada con lo que ofrece este país,  estar allí ya es toda una experiencia; sin embargo para conocer los sitios más bonitos de la ciudad, no sobra, es más, es necesario, contratar un tour o algún guía, de lo contrario se perderá mucho tiempo y será difícil llegar a los objetivos, esta no es una ciudad para  caminarla.  En Nueva Delhi visitamos el fuerte rojo, La Mesquita Jama Masjid (la más grande de la India), la tumba de Gandhi y otros lugares que seguro el Lonely Planet (para mi, indispensable en este viaje) u otro libro, recomendarán.  Todos los lugares son imponentes desde el punto de vista arquitectónico, intrigantes desde el punto de vista cultural,  pero desafortunadamente están muy abandonados y sucios, se diluyen entre la capa de polución que siempre cubre la ciudad.
Dato importante de Nueva Delhi, ármese de paciencia y valor cuando intente entrar a al estación de tren a comprar un tiquete, tendrá que luchar contra muchos guías que intentarán engañarlo de todas las formas para venderle un tour y realmente le será físicamente difícil entrar, se requiere tanto de habilidad mental, como rapidez física para colárseles y llegar a la tan anhelada oficina para turistas, suena excluyente ya lo se, y tal vez muchos de los que estén leyendo, creerán que no están interesados en hacer lo que los turistas hacen, que prefieren mezclarse con los locales, yo también creía lo mismo, y lo creo todavía,  pero créanme, esto no aplica en India, al menos no al principio.
Salimos de la capital, confiando en que llegaríamos a un destino mucho más tranquilo, Haridwar, pueblo de peregrinos, haga de cuenta Chiquinquira o Buga un 14 de Septiembre (día del señor de los milagros).   No es un lugar especialmente importante para visitar, pero puede ser una experiencia bonita, allí van los hindúes a buscar a su “padre”, “Güru” o algo así entendí, así como en Varanassi van a morir, Hardiwar está más relacionado con el origen, el nacimiento.  El río Ganges allí está “limpio” y la gente hace muchas ofrendas, hay una sensación mágica dentro del caos.  Si decide ir, no olvide subir a uno de los templos, compre su respectiva ofrenda y prepárese para luchar contra los micos ladrones que abundan por el camino.
Río Ganges
 
 
Después de este pueblo de locales devotos (pocos turistas allí), salimos para Rishikesh, que sería todo lo contrario. Allí fue donde los Beatles fueron a buscar su Güru y se encontraron con algunas desilusiones más. En fin, este pueblo está lleno de occidentales disfrazados de yoguis, restaurantes y cafés llenos de turistas, y en vez de hoteles Ashrams (como monasterios donde se aprende yoga).  El Ganges allí es muy lindo,  el ambiente del pueblo es tranquilo, bastante hippie diría yo, es un pequeño escape al caos de las ciudades.  Allí tuvimos la fortuna (al menos yo, mi compañero de viaje ya sufría de la famosa “delhi belly” gastroenteritis casi inevitable debido a las extremas condiciones de higiene evidentes en ese país, la verdad es que hay que tener mucho cuidado para evitar estas enfermedades, pero si le da, hace parte del paquete, así que relájese y cague) de llegar a ese pueblo durante el festival de yoga y música, así que participé en varias clases y aprendí hasta a lavarme la nariz, práctica que intente seguir a mi regreso, pero que no me generó más que frustración y una que otra incomodidad.
 
 
 Bueno de Rishikesh salimos en un bus Deluxe (la única diferencia con uno normal es el precio, no se deje engañar) a nuestro próximo destino, Pushkar y la feria del camello, donde ocurriría lo más bonito de todo el viaje.
 
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    Andrea Barrera Zambrano
La Montaña, el camino, andar, correr, comer beber. Algo de ciencia y un poco de conciencia de la tierra. 

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