La Amazonía caqueteña y la vida del agua

Era mi primera vez en Caquetá, ese pedacito de la Amazonía en el que nunca se piensa, pues cuando uno piensa en la región amazónica se imagina Leticia y si deja volar la imaginación quizás se le viene a la mente Putumayo, pues lamentablemente de Caquetá tenemos otros referentes menos exóticos.

Había tenido un par de intentos fallidos de venir a Caquetá y sin pensarlo terminé aquí por trabajo. Amo mi trabajo!! Vine a conocer el proceso de resistencia campesina para la defensa del territorio que se ha dado por años en el sur del Caquetá. Esta gente se ha organizado en lo que ellos llaman las Comisiones por la Vida del Agua, si, la Vida del Agua, me pareció divino desde que lo leí la primera vez pero no lo comprendí hasta que no estuve aquí y con mi propio cuerpo supe lo que es vivir en un espacio rodeado de agua. Fue ahí que me hizo completo sentido el nombre de las Comisiones por la Vida del Agua.

Nunca he sido de esas personas que aman estar en el agua y se meten a cuanto charco encuentran, todo lo contrario, siempre evité meterme, pues no me gusta esa sensación de estar mojada y pegajosa. Pero eso ha ido cambiando en los últimos años, estando una vez en Chocó decidí empezar a reconciliarme con el agua sin entender muy bien en qué momento nos habíamos peleado, pero con la intención de empezar a fluir con ella. Así que, con ese propósito, muy necesario en aquél momento para mí, decidí negociar con la superficial incomodidad de estar mojada y meterme en todos los charcos que se me atravesaran. Y debo decir que he estado haciendo bien la tarea, muestra de eso fue este viaje por la Amazonía Caqueteña.  

Así que, en este recorrido por lugares remotos del Caquetá me salí del confort, y cual pescado, me metí en ríos, quebradas, pozos y cascadas. No solo me metí, siento que lo medité y disfruté como nunca antes lo había hecho, pues generalmente estaba sola en estos lugares, sola bajo una cascada en un rinconcito de selva amazónica, sin duda, un privilegio que solo se puede tener llegando a espacios tan recónditos que han estado escondidos tras 60 años de conflicto armado, y ahí están, encantadores, divinos!

Pero no todo fue estar metida en el agua, por lo menos no de manera literal, también pasé varios días conversando largo y tendido con campesinas y campesinos que decidieron arriesgar sus vidas para defender el territorio de una petrolera. Debo reconocer que más de una vez tuve la piel de gallina escuchando estas historias de valientes, otras veces apreté los dientes ante el terror de las narraciones.

Caquetá tiene una cruda historia de violencia, colonizaciones, desplazamientos y retornos, donde el territorio y sus habitantes siempre han estado frente a algún tipo de amenaza, pues por aquí han pasado guerrillas, paramilitares, ejército, petroleras, mineras, caucheras, cocaleras etc. Y lo que quiero decir con esto, es que estas personas han hecho resistencia durante años a un millón de situaciones, y el callo que ha crecido en su alma los ha llenado de valentía y determinación para defender hoy lo que les pertenece. Por eso es imposible no sentir admiración por lo que han hecho y espero sigan haciendo.


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