No rules

Vietnam – Laos – Camboya

Transportarse es siempre una aventura, sobre todo en tercer mundo. Pero tengo que decir que nunca había visto algo así. El tráfico en estos países, principalmente en Vietnam, es incomprensible, esa es la palabra in-comprensible. Tienen una forma muy propia de hacerlo y de partida resulta chocante para los extranjeros. Es tan agreste que resulta  inevitable sentirse vulnerable y vulnerado en medio de este mar de carros,  motos, bicicletas, vacas y búfalos. Y ni hablar de la contaminación, ciudades como Hanoi y Ho Chi Minh son tan contaminadas que el tapabocas es un artículo de uso cotidiano. Los venden de diferentes colores y diseños, y yo diría que son usados por todas las personas. Es tan natural estar con tapabocas que incluso lo usan en los buses y otros lugares cerrados.

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Hanoi

Para explicar mejor como es que funciona el tráfico allá, aquí van 5 «reglas» básicas para manejar o incluso caminar por las principales ciudades.

  1. Los semáforos no importan, mucho menos el peatonal. Lo mejor es ignorar el semáforo.
  2. El pito es una herramienta esencial. Por carretera un bus pita (de manera sostenida) en promedio cada 10 segundos. Ahora, no se sienta atacado, el pito es totalmente preventivo.
  3. ¿Andenes para la gente? NO! por supuesto primero las motos. En hora pico se pueden ver ríos de motos por lo andenes, si lo encuentran en su camino no dudarán en usar su herramienta favorita: el pito.
  4. La contravía es completamente válida, incluso en los andenes, pues de un momento a otro se convierten en doble vía para motos.
  5. Están permitidos todos los giros y de manera simultánea. No se esfuerce intentando  imaginar  la escena, aquí la tiene:
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Centro de Hanoi

Bueno, pero a pesar de este exasperante caos, jamás vi que discutieran, se gritaran o fueran violentos por una situación de éstas. Por el contrario pareciera existir cierta solidaridad cuando manejan. Pasar una calle requiere valentía y habilidades, pues básica y literalmente hay que lanzarse a los carros, lo «bueno» es que ellos responden bajando un poco la velocidad, sin pitos ni gritos ni ofensas. Cuesta comprenderlo pero es simplemente otra manera de hacer las cosas.  Aquí un video sobre como cruzar una avenida en hora pico:

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Nosotras cruzando una avenida en Ho Chi Minh City

Atrapados en la frontera

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Después de varios días recorriendo Laos, regresábamos a Vietnam. El viaje sería largo, por eso decidimos tomar el Sleeping Bus VIP, el más cómodo y rápido para sobrevivir a este trayecto. A bordo del bus iba un grupito de adolescentes escandalosos y groseros, una mujer regañona, un papá que cuidaba con esmero a su pequeño hijo, y una chica joven y guapa a la que no dejaban de mirar. Las luces neón que adornaban el pasillo le daban un aire discotequero al que se sumaba una diversidad de olores y ruidos humanos que terminaban por componer una extraña sinfonía.

Estábamos a menos de 3km de la frontera con Vietnam cuando encontramos una tractomula volcada que había prácticamente bloqueado la vía. A pesar de esto, el conductor de nuestro bus, en un subidón de testosterona, decidió pasar el inmenso vehículo por el diminuto borde de carretera aún libre. Bastaron unos segundos para que cayera en la cuneta, mejor dicho: se encunetó y hasta ahí llegamos.

Nos hicieron bajar del bus a todos. Hasta ese momento no habíamos tenido que comunicarnos con nadie, éramos las únicas extranjeras en ese lugar. Todos empezaron a caminar en una misma dirección y nosotras, al ver que nadie hablaba inglés, decidimos seguirlos. Así terminamos en el platón de una camioneta que nos dejó en el puesto de control fronterizo. Entramos a Vietnam convencidas de que nuestras maletas pronto llegarían allí.

Del otro lado nos acomodamos en un pequeño café, el único que había alrededor. Durante horas, en un improvisado ejercicio de paciencia, leímos y escribimos hasta agotar la tinta y el papel. Los demás pasajeros lucían en calma, seguramente tenían más información que nosotras que no podíamos comunicarnos. Ya empezaba a llegar la angustia y la frustración, tanto así, que pensamos en regresar por nuestros morrales, pero caímos en cuenta que no podríamos entrar de nuevo a Laos, ya habíamos usado la única entrada que nos permitía esa visa.  

 

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Sleeping bus
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Yo en el Sleeping Bus
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La chancla compartida del Sleeping Bus

Finalmente llegó el bus y continuamos, lo que parecía ser, un viaje sin fin.  Ya habían pasado 23 horas desde nuestra partida. De repente el bus se detuvo, uno de los pasajeros me miró y dijo: you!, mientras me hacía señas para indicarme que bajáramos del bus. En ese momento los pasajeros de atrás empezaron a decir: Let´s go y otros más decían: bye bye. Hasta entonces nadie nos había dicho ni media palabra en inglés, fue como si todos hubieran aprendido de un momento a otro este idioma. Rápidamente cogimos nuestras cosas y bajamos, ahí entendimos que el bus había parado para cambiarnos a nosotras, las pobres extranjeras, a un bus más pequeño y rápido que nos llevó en menos tiempo a Vinh, nuestra siguiente parada.  Si no nos hubieran cambiado de bus,  seguro estaríamos todavía en alguna carretera vietnamita.

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Las calles de la ciudad


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