Pasajera en tránsito

-San Salvador-

Unos días antes del viaje llegó un correo que notificaba una inesperada conexión. Ya no iríamos directo a Nueva York, pasaríamos 7 horas en San Salvador (El Salvador). ¿Qué hacer ante este repentino cambio? Unas averiguaciones de último momento para ver qué podíamos hacer durante ese tiempo en la ciudad no nos dieron mucha luz sobre el asunto, pues algunos salvadoreños conocidos recomendaban no ir al centro de la ciudad ya que tiene fama de ser el más peligroso de Latinoamérica.

Era medio día cuando aterrizamos en San Salvador sin mayor expectativa. Al parecer no teníamos muchas opciones para pasar esta larga conexión. Salir implicaba gastar unos US100 en impuesto, taxi y alimentación. Entonces la opción fue ir a la oficina de Avianca con la irrelevante historia acerca del cambio de itinerario. Para nuestra sorpresa la respuesta de la mujer que atendía fue: ¿Y Avianca no las recompensó por eso? – No. Y así,  sin hacer mayor esfuerzo por negociar, salimos de ahí con almuerzo gratis, cambio a primera clase, acceso a la sala VIP y una camioneta privada con conductor que nos llevaría a conocer unas playas cercanas. ¿Se le puede pedir más a una aerolínea?

Don Gregorio, el conductor, un tipo de muy pocas palabras, nos llevó a La Libertad en contra de las sugerencias de llevarnos a otras playas al parecer más «bonitas». Era domingo y La Libertad estaba llena de familias salvadoreñas que dominguiaban a lo largo del malecón. Un fuerte olor a pescado nos recibió advirtiéndonos sobre el lugar. Y la advertencia fue clara, era un lugar local y espontáneo, don Gregorio había hecho una buena elección sin preguntarnos ni conocernos. Pasamos la tarde con un par de cervezas mientras mirábamos el oscuro y picado mar, esperando que llegara la hora de ir a probar el plato nacional: las Pupusas.

Una vez más don Gregorio nos guió, asegurándonos que nos llevaría a la mejor Pupusería de la zona. Nos bajamos en un pequeño local sobre la carretera  dónde un par de mesas eran iluminadas por una tibia luz de bombillo. Recibimos las curiosas miradas de los comensales al llegar y acercarnos a la barra tras la cual se movían con gran agilidad un par de mujeres. Flores, queso, fríjoles y carnes se extendían a lo largo del mesón de baldosa que terminaba con una parrilla donde se asaban unas masitas, que a simple vista, lucían como arepas de maíz. Tras elegir un par de ingredientes nos sentamos expectantes a esperar en la mesa. Minutos después llegaron unas masas elásticas y humeantes. Éstas no se comían como arepas, tenían su propia manera. Lo primero era abrirlas en dos partes para poner adentro, junto a los demás ingredientes, un encurtido de vegetales y un poco de pasta casera de tomate. Qué cosa tan rica!! los sabores eran muy familiares y a la vez completamente nuevos.

DSC_0061

DSC_0063

Mil puntos para las Pupusas y  los salvadoreños. Todos, absolutamente todos los salvadoreños con quienes nos relacionamos ese día, se pasaron de amables. Es gente siempre dispuesta a ayudar con una sonrisa en la cara y la mejor actitud.

Fue así como pasamos nuestras 7 horas de conexión en esta ciudad. Salimos del aeropuerto como «pasajeras bajo protección de la aerolínea» y nuestro pasaporte fue sellado como Pasajero en tránsito, casi como la canción de Charly García: Pasajera en Trance.  Gracias a estos salvadoreños tuvimos la conexión más inesperada y élite. Habrá que regresar para pasar más de 7 horas, comer muchas Pupusas y conocer todo lo que seguro puede ofrecer este país.


Una respuesta a “Pasajera en tránsito

Deja un comentario