-Munich-
Todos los alemanes que conocí antes de ir a Alemania tenían muy malos comentarios sobre el Oktoberfest. Nadie recomendaba ir, decían que realmente no valía la pena, que lo único que iba a ver era gente borracha por la ciudad. Y no es que fuera mi sueño ir a este festival, pero planeando el viaje me di cuenta que las fechas coincidían perfectamente, así que convencí a Simón y Andrea de llegar a Munich, igual pensábamos llegar a una ciudad en Alemania, pues llegar directo a Praga era más caro.
Fueron meses buscando hostales en Munich, por supuesto todo estaba ridículamente caro por el festival, ya teníamos tiquetes y no había vuelta atrás. Simón consiguió cupos en un campamento del festival, Si, un lugar de adolescentes borrachos, pero era lo más barato que había y aun así fue muy caro.
La primera noche estuvimos en el campamento, pues recién llegábamos. Así que lo único que vimos fue adolescentes borrachos bailando clásicos de rock en inglés y La bicicleta de Shakira y Carlos Vives. Pero a la mañana siguiente cogimos nuestras bicis para pasear por la ciudad e ir al verdadero lugar del Oktoberfest. Llovía un poco cuando llegamos. Lucía como una feria gringa de esas con atracciones mecánicas y venta de comida. Pero contrario a lo que habíamos visto en el campamento y a lo que habían dicho varios alemanes, este lugar estaba lleno de familias Bávaras que vestían sus trajes típicos. Hombres, mujeres y niños con sombreros, pantalones cortos y pomposos vestidos llenaban el inmenso lugar. Entramos al galpón, no cabía un alma y se escuchaban cantos bávaros y vasos chocando para brindar. Mientras tanto los pocos turistas que habíamos allí, nos acomodábamos intentando no estorbar a las fuertes mujeres que llevaban de a 8lts de cervezas en sus manos y repartían de mesa en mesa.



Estábamos frente a la tradición Bávara completamente espontánea, iban y venían vasos y pretzels. Mientras tomábamos cerveza nos entreteníamos observando cada cosa que pasaba, cada persona, cada vestido, cada canción.




Decir que el Oktoberfest es una fiesta de borrachos, sería como decir lo mismo del Carnaval de Barranquilla. Fue una experiencia interesante y divertida. Valió la pena haber insistido, es mucho más que cerveza, salchichas y borrachos.

