Hace unos meses empezaron a llegar varias señales, después de que a Andrea (mi hermana y compañera de viajes) se le ocurrió hacerme una propuesta bastante particular, todo empezó a confabularse y las señales llegaban por un lado y por otro.
Lo primero fue un artículo de una colombiana cicloviajera que andaba recorriendo el sur del continente, su nombre: Andrea María, pura señal del destino. Semanas después llegó Alain, un cicloviajero francés que recorría Colombia en su bicicleta. Sin conocerlo lo recibimos en nuestra casa en Yopal y le compartimos el sofá unos cuantos días. Este hombre se convirtió en nuestro papá francés mientras estuvo en casa, nos cocinó deliciosas comidas y nos mantuvo a punta de cerveza, vino, quesos e inspiradoras historias de viajes que seguían alimentando nuestra idea de viajar, claro está que la decisión estaba tomada antes de conocerlo.
Yo había decidido aceptar la propuesta poco convencional de mi hermana, viajar en bicicleta. En un inicio fue idea un amigo suyo
(Arnau), quien le propuso un viaje en bicicleta sin imaginarse que la respuesta inmediata sería un rotundo SI. Y ahí me sumé yo, la idea de la bicicleta no me sonaba tanto, pues ciclista no soy, pero las propuestas de viajes siempre me seducirán y ésta estaba bastante interesante.
Planeando
Así que mi hermana y yo nos embarcamos en la tarea de planear este viaje, que por supuesto es totalmente diferente a los anteriores. Fueron meses planeando, revisando y decidiendo las rutas, las fechas, las aerolíneas que nos permitieran llevar bicicletas sin cobro adicional, y hasta aprendiendo mecánica de bicis; nuestra primera clase nos la dio Alain, quien nos regaló herramientas y nos enseñó a despinchar, después vinieron clases más avanzadas con Andrés (amigo experto en bicis) y Ciclopólis.
Aprendiendo a despinchar
Una vez decidido tuve que empezar a entrenar, pues no soy más que una ciclista urbana y el ciclismo nunca ha sido mi pasión, siempre he creído que no soy muy buena pa´ esto. Pero me fui armando de un humilde equipo y poniendo pequeños retos ciclísticos, me sorprendí de lo fuerte que podía llegar a ser y a medida que los iba superando me iba sintiendo más segura de poder hacer esto. Así que mi papá me regaló su bici que ya no usaba y empecé a salir, cada día pequeños retos. Un día me lancé a la sabana sola y anduve un poco más de 80km, el sol me estaba matando pero no tenía más opción que seguir, regresé muerta y con las piernas hechas un bocadillo veleño, sexy bronceado ciclístico que aún conservo. Después hice una ruta donde hasta el carro se me cuelga, pensé que no iba subir ni un metro, pero subí junto a un grupo de mujeres casanareñas que empezaron a montar bici para acompañar a sus maridos a las travesías, claramente no teníamos el mismo propósito pero fue motivante subir con ellas, no me bajé en todo el camino y una vez más me sorprendí de lo fuerte que podía ser.
Por el camino mis planes de entrenamiento cambiaron, me fui a vivir a otra ciudad, mi bicicleta quedó en Yopal y dejé de entrenar, intentaba trotar y hacer yoga (que también hacía parte de mi entrenamiento), pero los últimos tres meses mi vida ha estado empacada en mi maleta, mis cosas están regadas en 4 ciudades y tengo 3 casas. Así que mientras me adaptaba a esa nueva dinámica entrené muy poco, solo espero que haya servido de algo, pues ya no tengo tiempo para entrenar más y lo que se hizo se hizo, ¿Qué es lo peor que puede pasar? No es una competencia, es un viaje.
En Patios – La Calera
Estamos a cinco días de lanzarnos a esta aventura. Definitivamente es una forma muy diferente de viajar. Cada cosa que llevemos será una carga kilómetro tras kilómetro, por eso vamos con poco equipaje pero con mucha pasión para cuando falte energía al pedalear.
El equipaje
La Ruta
Nos decidimos por Europa del Este, la ruta del Danubio. Aterrizaremos en Munich (Alemania) para darnos una pasadita por el Oktoberfest y de ahí cruzaremos en bus a Praga (República Checa), donde empieza oficialmente nuestro viaje en bicicleta. Pasaremos por Austria, Eslovaquia, Hungría y Rumania, para llegar hasta el Mar Negro, allí termina el recorrido en bici. De ahí tomaremos algo que nos lleve a Estambul (Turquía) donde cerraremos nuestro viaje, y para esto tenemos solo un mes. Esta vez no vamos solas, tenemos muy buena compañía, nos encontraremos con buenos amigos de la vida (que no se conocen entre sí). Simón, Arnau, Alain y su amiga Odile serán nuestro equipo, bastante internacional y diverso por cierto (un suizo, un español, dos franceses y dos colombianas). No sólo tenemos buena compañía, dicen por ahí que también llevarán champaña, paté y marañones para el camino. No pinta nada mal.
Mapa de ruta (por Zé Estrada)
Nos espera 1 mes y más de 1000km a pedal, y todavía me pregunto qué vamos a hacer cuando lleguemos a Munich con bicicletas y maletas, me pregunto si se nos hará fácil armar las bicicletas en ese momento, me pregunto si entrené lo suficiente y me respondo que debí haber entrenado más. Estamos totalmente ansiosas, con ganas de lanzarnos ya a esto que venimos planeando hace meses y que nos retará como nunca antes.
Tenemos el corazón y la pasión aquí puestos. Desde ya nos siento valientes.
Sin palabras, considero son unas berracos arriesgadas. Feliz viaje y buen regreso
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