«El viaje iniciático de todos los pobres muchachos latinoamericanos, recorrer este continente absurdo» (Bolaño, 1998)
Esta idea se me metió en la cabeza en la universidad, pues era algo que todo el mundo quería hacer,pero pocos hacían. Siempre siempre quise conocer Suramérica, hacerme ese viaje en bus con una buena compañía, moviéndome de un país a otro. Sin embargo mientras estuve en la U no lo hice, fue poco después de graduarme. Desde tiempo atrás había empezado a ahorrar para este viaje que fue planeado con alguien, quizás era un plan de dos que robé para hacerlo mío, y fue lo mejor que pude haber hecho, me di cuenta que no podía esperar por compañía para hacer algo que siempre había querido y que además podía hacer sola. Sí no lo hubiera hecho en ese momento, no lo hubiera hecho, seguro estaría aquí llena de excusas que me harían creer lo difícil que sería hacerlo. Entonces ahí estaba mi plata ahorrada esperando el momento, aún sin tener claro cómo, ni cuándo.
Así que fue de un momento a otro que lo decidí, pues en ese momento no tenía trabajo y pensé: es ahora o nunca. Y lo anuncié: me voy para suramérica sola!!! Mis papás, que siempre han sido muy papás, se molestaron un poco con la idea, Alberto ni a bala me iba a dejar ir sola, y después de Perú, él obviamente quería ir esta vez conmigo. Igual ya era una decisión tomada y no iba a dar ni un paso atrás.
En una semana organicé todo, armé mi ruta de viaje y compré pasajes, tenía claro que empezaría desde Bolivia, pues no quería repetir Ecuador y Perú, también decidí que viajaría sólo por un mes y en ese tiempo pasaría por 4 países, bastante bien para empezar no?
Lo primero fue la ruta y el itinerario, rápidamente busqué hostales y toda la información que creía necesaria para lograrlo, revisé transportes, distancias y lugares. Entre más veía, más me emocionaba. Compuse la ruta de 12 ciudades empezando desde La Paz hasta llegar a Buenos Aires, desde donde regresaría en avión a Bogotá. No me iba «a la vida» (como dirían los chilenos), tenía claros mis planes, sólo que no sabía lo que me esperaba. Igual los planes siempre cambian, y así debe ser, pues aunque me gusta planear, establecer fechas, lugares y demás, siempre estoy abierta a desviarme de la ruta para conocer algo chevere.
Así que en menos en una semana tomé la decisión, hice todo lo que tenía que hacer, alisté maleta y me subí a un avión hacia La Paz.
Salí un 3 de febrero en la noche, mi primera parada fue el aeropuerto de Lima, por lo que pude empezar el viaje con una cuzqueña negra. Varias veces he parado en este aeropuerto y se me ha convertido en ritual tomarme una cuzqueña allí, meter otras cuantas en la maleta y continuar mi camino. Allí mismo encontré la Lonely Planet de Suramérica, que sin pensarlo mucho compré y resultó ser mi mejor adquisición…

