A beautiful chaos – Bolivia

La Paz, 3600 mts más cerca del caos

Era un 4 de febrero cuando aterricé a las 00:20 en La Paz, después de un viaje lleno de pensamientos, mientras volaba me preguntaba ¿Qué estoy haciendo? ¿Me enloquecí? ¿Que tal esto no sea buena idea? ¿Y si la paso mal? Pero a la vez me respondía que era la decisión correcta e iba a ser una experiencia increíble, y así fue.

 

 – La Paz – Santa Cruz – Samaipata – La Higuera – Sucre – Uyuni –

Desde el principio Bolivia fue un poco caótico y difícil, esa madrugada llegué directo al hostal que había reservado y olímpicamente el personaje del hostal me dice que no tengo reserva y todo está lleno. Así que mi única opción fue caminDSC_2533ar a esa hora por el centro de la ciudad con backpack y el credo en la boca. Afortunadamente en el primer hostal que encontré había cupo y ahí me quedé sin pensarlo dos veces. A la mañana siguiente madrugué a reportarme y empecé a conocer La Paz, ese día recorrí todo el centro y llegué hasta el Mercado de Brujas que es quizás el sitio más turístico de esta ciudad, un pequeño y místico mercado de artesanías y otros objetos un tanto particulares.

Al medio día decidí buscar almuerzo en un lugar local, era un patio grande de una casa, entré y pedí lo primero que vi sin tener idea de lo que estaba pidiendo. Cuando mi plato llegó había en él una pata sudada acompañada de papas moradas, estas pequeñas papas típicas de Bolivia y quizás Perú. Nada bueno debo aceptarlo, finalmente me lo comí pero no fue una buena primera     experiencia gastronómica boliviana.

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En la tarde decidí aventurarme en bus a otro lugar de la ciudad, así que tomé un pequeño bus, una camioneta Van de esas donde todos los pasajeros deben bajarse cuando alguien se tiene que bajar. De ida fue fácil, llegué al parque que buscaba, de regreso tenía que tomar el mismo bus, era muy simple, sin embargo no me bajé donde debía y terminé en otro lugar. Tuve que tomar un taxi de regreso al hostal.  Dato/ en un país tan barato como éste uno puede darse el lujo de tomar taxis sin problema, igual siempre es más chevere experimentar el bus local/. Fue la primera vez que me perdí, de ahí en adelante me perdería en cada nueva ciudad.

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 De regreso al hostal conocí a mis compañeros de dormitorio, Matthias y Debra, un alemán y una norte americana que también viajaban solos. Así que esa noche Debra decidió acompañarme a una peña folclórica, yo moría por escuchar música andina en vivo y las personas del hostal nos recomendaron un lugar. Allí llegamos y no había nadie, era una bodega grande y éramos las únicas clientas. Igual nos sentamos y mientras se componía la cosa pedimos unos tragos típico del lugar, pero la cosa nunca se compuso, por el contrario llegó a nuestra mesa un boliviano que intentaba «conquistarnos», pero el personaje este se iba poniendo como intenso, así que después de un par de tragos le dije a Debra que nos fuéramos en cuanto él se parara de la mesa, y así lo hicimos, casi corriendo salimos de allí y terminamos en el bar del hostal la fiesta que nunca inició.

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Al día siguiente sin importar el guayabo levanté a mis compañeros para ir al Valle de la Luna, una formación rocosa cercana a esta ciudad. Estuvimos toda la mañana allí y en la tarde volvimos a La Paz, pues esa misma noche yo viajaría a Santa Cruz de la Sierra a visitar a Carly, mi amiga boliviana a quien no veía hace 6 años.  Nos despedimos esa noche sin pensar que nos volveríamos a encontrar, Matthias iría a Oruro a los carnavales, yo empezaría a bajar hasta llegar a Salta – Argentina, y Debra quería ir hacia Brasil. 

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Esa noche me metí un viaje de 20 horas en bus, las carreteras en Bolivia no son muy buenas, toda la noche el bus saltó mientras un  bebe lloraba durante 10 horas seguidas, los demás pasajeros estábamos a punto de enloquecer con su llanto, y para completar el ipod murió para siempre en ese momento, ese viaje se me hizo eterno  y pasé el resto del mes sin poder escuchar música, tarea que no resultó tan grave como creía. 

Santa Cruz de la Sierra, la ciudad de las mujeres bonitas

Dicen que en Santa Cruz de la Sierra están las mujeres más lindas de suramérica y quizás tengan razón, esta ciudad es algo así como Medellín, una ciudad relativamente pequeña donde importa mucho quién eres y cómo te ves. Solo pasé una noche allí en la casa de mi amiga y su esposo, quienes acababan de tener su primera hija, Martina. No conocí mucho la ciudad pero disfruté el tiempo con Carly, con quien adelanté cCon Carlyhisme de 6 años, ella y su esposo fueron unos anfitriones increíbles, fue en su casa donde conocí las famosas empanadas salteñas, una delicia. 

Mi plan era salir de allí hacia Sucre, pero Jorge (esposo de Carly), me dijo que debía ir a La Higuera, lugar donde había muerto el Che, ¿Cómo no había pensado en ese lugar?, me convenció sin mucho esfuerzo, entonces desvié mi ruta para ir a este lugar.  Así que en la puerta del bus, con la maleta llena de comida y muchas recomendaciones me dejaron Carly y Jorge.

 

Esa tarde llegué a Samaipata, mi primera estación antes de llegar a La Higuera.

Tras los rastros del Che. Prueba total de supervivencia

Una vez estuve en Samaipata empecé a averiguar cómo podía llegar a La Higuera, pues hasta el momento no lo tenía muy claro, de hecho nadie lo tenía muy claro y la información era bastante confusa.  Pensé que lo tenía todo solucionado cuando fui al restaurante donde vendían los pasajes del bus, allí Miguel, un hombre mayor que atendía este lugar, me dijo que podía ir a La Higuera y volver el mismo día a Samaipata, pues según él estaba a tan solo 20 minutos. Compré mis tiquetes para la mañana siguiente, dSamaipatae tal forma que pudiera ir a La Higuera, regresar en la tarde y esa misma noche tomar el bus hacia Sucre. Mi plan era ir a  Valle Grande, segunda estación para llegar a La Higuera, y de paso seguir para Sucre, por eso compré también estos pasajes, pues no quería quedarme sin bus para esa noche.

A la mañana siguiente llegué a la hora acorada pero el bus se tardó más de lo que esperaba, yo ya estaba preocupada porque todo se me iba a retrasar, y cuando por fin llegó el bus se me ocurrió contarle al conductor, antes de subirme al bus, mi plan de ir y regresar ese mismo día. Su respuesta cambió mis planes una vez más, pues Valle Grande estaba a 3 horas (no a 20 minutos como me habían dicho), y La Higuera a 2 1/2 horas más desde ahí. Así que era completamente imposible ir y volver en el mismo día. Decidí entonces pasar por el hostal y tomar mi maleta, no volvería a Samaipata y tomaría el bus hacia Sucre sobre la carretera principal a las 11pm, el referente DSC_2780era un peaje, según Miguel el bus me recogería allí a esa hora. No tenía más opción, tenía que confiar en su palabra. 

 

Unas horas después llegué a Valle Grande y no había transporte hacia La Higuera, pues los buses solo salían en la mañana, todo seguía complicándose, yo ya había llegado hasta allí y si o si tenía que llegar ese día a La Higuera. Así que decidí parar un taxi y negociar para que me llevara hasta allá, la distancia era muy larga y por supuesto me iba a cobrar mucha plata por llevarme, pero no tenía otra opción. Me subí al taxi, pasamos por la casa del conductor a recoger a su pequeño hijo y salimos directo al recóndito lugar.

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Confieso que iba rezando, había metido mi navaja suiza en mi bolsillo por si acaso, era consciente que me estaba exponiendo a que este hombre hiciera conmigo lo que quisiera, pues íbamos por una carretera despoblada, escasamente pasamos por un par de pueblos y cada vez nos internábamos más en la montaña. Un par de horas después llegamos al famoso lugar que no es más que tres casas y dos monumentos del Che. Ya empezaba a anochecer, entonces me bajé y le pedí al conductor que me tomara las fotos necesarias, la evidencia del «estuve allí», y en menos de 10 minutos ya estábamos de regreso. Este lugar queda en lo mas perdido de las montañas bolivianas, pues fue allí donde encontraron al Che para asesinarlo mientras él militaba.

Cogimos nuestro camino de regreso, necesitaba llegar a las 11pm al peaje. Por el camino recogimos a un grupo de argentinas que viajaban junto a un colombiano, los subimos al carro para acercarlos al siguiente pueblo, se metieron hasta en el baúl y en medio del tumulto empezamos a hablar. Me preguntaron qué hacía de mi vida, respondí que era antropóloga y ante  mi respuesta surgióDSC_2790 una algarabía que no logré comprender en el momento, pero al instante me dijeron que ellas también eran antropólogas de la UBA, vaya coincidencia… el resto del camino solo hablamos de ñoñadas de esas que hablamos entre antropólogos.

Los dejamos en el siguiente pueblo y nos dieron algo de dinero por el aventón, continuamos y más adelante recogimos a unos trabajadores a quienes llevamos hasta Valle Grande, ellos también pagaron su pasaje, así que al final no pagué tanto como creía que iba a pagar, pues pagué parte del viaje con la plata que habían dejado todos los pasajeros del camino.

 

DSC_2819Se acercaban las 11pm, llegué al terminal de Valle Grande para tomar cualquier bus que me sacara a la carretera, pero para continuar con la dinámica del día, no había bus, así que tuve que pagar una vez más un carro particular que me sacara. Antes de las 11pm llegué al peaje, no había nada allí, solo la persona que atendía el peaje. Había sido un día muy largo y sólo quería que llegara mi bus. Mientras esperaba el bus decidí acostarme al borde de la carretera, estaba muerta y recuerdo que alcancé a quedarme dormida, tengo un recuerdo en el que sólo veía las luces de los carros a lo lejos, no fue mucho lo que dormí, pues necesitaba estar pendiente del bus. Entonces vi que venía el bus y me paré rápidamente, cogí mis maletas y paré el bus, le mostré al conductor mi pasaje y él con toda la seguridad me dijo que ese no era, que mi bus venía atrás, obvio le creí y me quedé ahí esperando el otro bus. Minutos después vi el otro bus y realicé la misma acción, esta vez el conductor me dijo que mi bus era el que había pasado adelante, ¡¡¡o por dios!!! me vi pasando la noche al borde de la carretera, y obvio no lo iba a hacer. Así que le dije al señor que me llevara, él sólo respondió: súbase pero no hay asientos. Realmente eso era lo de menos con tal de no quedarme ahí.

 

Me subí con mis maletas, el ayudante abrió la puerta que daba a la cabina de los pasajeros, la luz se prendió por un segundo y pude ver como todos dormían en sus asientos; yo tiré mi maleta al piso, me acosté  y puse mi cabeza sobre ella, me abracé a mi otra maleta donde llevaba la cámara y no recuerdo más, pues dormí las siguientes 10 horas allí, en el corredor del bus. Pasé una noche increíble, era tanto el cansancio que dormí delicioso, pero cuando me desperté tenía 80 ojos extrañados encima mío, pues yo era la única extranjera del bus, todos allí eran bolivianos e incluso hablaban en aymara, me miraban extrañados, quizás preguntándose cómo había llegado ese ser extraño allí. 

 

Casi al medio día llegué por fin a Sucre, ya estaba allí y no me importaba lo que había pasado la noche anterior, pero al bajar del bus el conductor me tomó por la maleta y me dijo que lo acompañara a la ventanilla de la agencia, pues él haría que me devolvieran algo de dinero del tiquete. Entonces lo acompañé y después de discutir con mil personas e incluso llamar a Miguel a Samaipata, logré que me devolvieran la mitad del pasaje, no me lo esperaba pero finalmente era lo justo.

Sucre

Tras 10 horas de sueño en el corredor del bus, llegué a Sucre con chicles pegados en mi maleta y mi ropa. Fui directo a buscar los hostales recomendados, pero como pa´ variar, todo estaba lleno, no había ni una cama por ahí. Entonces tomé lo que había y me quedé en el único hostal donde había cupo, un hostal nada bonito y con un baño tan horrible que evité entrar durante el tiempo que estuve allí. Sólo me quedé una noche, pues aunque Sucre fue la ciudad que mas me gustó de todo Bolivia, en realidad no hay tantos lugares por conocer y toda la ciudad huele a pipí. El mejor plan es caminarla, ver la blanca arquitectura, visitar un mirador y comer en la plaza de mercado un menú de dolar. /Dato/ Bolivia es tan barato que uno puede almorzar un buen plato típico con 1US en un mercado/. Esta vez me comí un Saice (sudado de carne picante con arroz y papa) con Mocochinchi (bebida de trigo y durazno). Fue quizás lo mejor que comí en Bolivia, por lo menos cambié la dieta de yogurt y papas Pringles que había adquirido en los últimos días. 

Sucre

En general me resultó difícil comer en Bolivia, «estoy cansada de no encontrar comida, todo lo que hay es galletas y chocolates» (Diario de viaje Suramérica, 2010). La mayoría del tiempo comí papas Pringles (las más comunes allá) y yogurt, pues en la calle venden solo cosas dulces, no es fácil encontrar comidas rápidas o cosas pequeñas para picar. El caso… Bolivia no fue mi mejor experiencia gastronómica. 

  

Reflejos de sal

Definitivamente el mayor atractivo de este país es el salar de Uyuni, un lugar que seguro está en esas listas de 100 lugares que ver antes de morir. Es increíblemente bonito, ese tipo de lugares difíciles de comprender. Yo hice una ruta muy corta allí lamentablemente, pero lo mejor es tomarse un tour de varios días dentro del salar, yo lo hice en sólo un día y me arrepiento, me quedé con ganas de másDSC_2944, pero en ese momento era mi única opción. Llegué a Uyuni a las 3am después de pasar 7 horas en el terminal de Potosí esperando el único bus que salía a Uyuni, a esa hora me fue imposible encontrar hostal, una vez más visité los hostales de todo el lugar y terminé quedándome en el hotel más caro del pueblo, 12US la noche!! /Dato 3: definitivamente la devaluación del peso boliviano te permite sobrevivir a todos los posibles chascos en este país/. Este fue mi último destino en Bolivia, cerré con el lugar perfecto, ya estaba lista para pasar a tierras gauchas.

Uyuni

Aunque Bolivia fue para mi el país de los chascos, me encantó, sobreviví a todo el caos y sorpresivas situaciones.  

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Tenía muchas expectativas frente a Bolivia, fueron 8 días allí y quedé con la sensación de que «cruzar Bolivia fue como pasar una carrera de obstáculos» (Diario de viaje Suramérica, 2010). Mi paso por allí fue más rápido de lo que había planeado, a pesar de lo difícil que me resultó, me gustó. Aunque lo encontré extremadamente desordenado (aun siendo colombiana) creo que su belleza está en eso y en lo exótica que puede resultar su población, en lo exótico que resulta el caos y la pobreza. 

 

Me costó mucho Bolivia, fue mi primer destino viajando sola, me sacó callo y me enseñó lo necesario para seguir viajando así, pues particularmente este país me enfrentó a mí misma, me obligó a reaccionar y decidir frente a situaciones complejas, desconociendo la calma con la que tomé todo, pues cuando no tienes ante quien quejarte simplemente asumes la realidad tal y como es.  

 

Finalmente, creo que Bolivia fue un buen rito de iniciación solitario. 

 

 

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