Ligero el equipaje, ligera la mente, ligera el alma (Por Andrea Barrera)

Desde hace tres días no pienso en otra cosa… Cuando me lo propusieron, lo pensé por muy poco tiempo, quizás 30 min y me dije: si digo que no, me voy a arrepentir toda la vida.   No tenía mucho que perder, más que el miedo, al irme con alguien que apenas conocía, muy poco equipaje y mi bici, desde la ciudad donde nací, hasta la ciudad donde vivo ahora.   Sería un viaje de dos días, más de 20 horas pedaleando y 320 km.  Por ahí dicen, “Hazlo, si te da miedo, hazlo con miedo”, y así fue como salí el viernes 3 de Junio de 2016 a las 5:15 de la mañana, de la 106 con Autopista, donde viven mis papás en Bogotá.

El primer reto era salir de Bogotá en medio del tráfico y coronar La Caro, de allí seguiríamos hasta El Sisga, acompañados de un par de ciclistas más. Hasta allí pasé un poco de frío pero recorrí esos primeros 60 km fácilmente, en dos horas ya estábamos frente al embalse, con el emblemático puente detrás.  Desayunamos y seguimos, de ahí en adelante no conocía la ruta, ni en carro. Bajamos hacía Guateque, pasando por Macheta, entonces para mí todo era nuevo, e ir descubriéndolo sobre mi bicicleta, era aun mejor. Fuimos durante 40 km bordeando el río Guatanfur y viendo termales a lado y lado.  La carretera estaba vacía.  Pasamos por Guateque y almorzamos en el único restaurante de la carretera, en la vía que va para el páramo de Mamapacha y Garagoa.

13710427_10155298757967619_6127959000968781794_o

Todo era tan tranquilo, ya habíamos recorrido cerca de 115 km y estábamos perfectos, con ganas de encontrarnos pronto con el embalse rodeado de las impresionantes montañas cubiertas por un bosque denso y virgen.  El clima era maravilloso, pero amenazaba con lluvia y así fue, el aguacero nos hizo parar y refugiarnos durante unos minutos en una parada de bus, donde conversamos un rato con un señor y su hijo, que no lograban dimensionar qué tan grande era el pueblo de destino final, Tauramena.  Como no parecía que fuera a parar de llover, decidimos continuar así.  Yo solo esperaba ver pronto el embalse y pasar por los túneles, que son bien divertidos y es uno de los atractivos de la ruta.  Pero el camino se ponía un poco más duro y no paraba de llover, entonces Luis propuso parar por un tinto, en quizás una de las mejores cafeterías que se puedan imaginar.  Ya recargados, continuamos, foto prohibida en el embalse y a gozarse los túneles.  Esta es otra sensación, plena oscuridad, roca y agua que cae a chorros en su interior, toda una gozada.

13680359_10155298757972619_7787454779322939881_oPor fin llegamos a Santa María a eso de las 4 pm, yo empecé a sentir hambre y un poco de nervios, pues sabía que venía un descenso destapado y que seguramente estaría muy embarrado.  No me equivocaba, esta bajada me dejó los dedos un poco dormidos y las piernas muy embarradas.  Cuando fuimos entrando a San Luis de Gaceno, nuestro destino de la primera jornada, ya había vuelto a salir el sol y cumpliríamos 12 horas en la bici.  Luis chocó mi mano y nos sentimos muy satisfechos, habían sido 176 km de pura felicidad.

13701265_10155298758152619_8061337838172888061_o

Como no tenía más que la ropa de dormir, tocó lavar e ir por un par de cervezas, mientras el pueblo alborotado veía a la selección Colombia, nosotros obviamente no llegamos al final del partido, el cansancio nos pudo.  Al día siguiente salimos muy temprano, hacía frío y mi ropa aunque “limpia” estaba mojada. Esa parte del recorrido fue preciosa, la niebla se estaba levantando, hacía fresco y la carretera estaba vacía. Al lado derecho un río que podía ser el Upía y un bosque bonito, después de una parada relámpago a comer mangos recién caídos empezamos a descender y aparece en frente, por primera vez el llano, habían sido más de 200 km de pura montaña y esa imagen me conmovió.  En teoría lo que quedaba era plano, y breve, pero el sol no se haría esperar. De Monterrey a Tauramena recorrimos unos 40 km sin un árbol, fue un tramo difícil que de plano no tenía nada. Ya en Tauramena habría sido casi que un reto cumplido, mi compi hasta allí llegaba, no por flojo, sino porque el señor no le dio por más que por correr una travesía de más de 60 km de pura montaña, al día siguiente.  Pero yo, que soy un poco terca, quería llegar ese día a Yopal, así que no esperé mucho, foto reglamentaria y arranqué por mi cuenta.  A los 5 min, se me acerca una moto y me asusta, otro de los locos que anda suelto en bicicleta, mi amigo Elkin, que supo que pasaba por su pueblo y no dudó en alcanzarme, hacerme este video y tomarse un jugo de piña conmigo en El Venado.  Bueno y ahora si, me esperaban 70 km de sol, resistencia y soledad. Como era un tramo que había recorrido tantas veces en carro, comencé a desesperarme, eran las 2 pm y hacía un día como de verano, 32ºC era poco, lo juro. Así que decidí ponerme metas cortas.

13732066_10155298757977619_5058360321915390379_o

En Aguazul paré por una soda que se me fue por la nariz, de lo rápido que me la tomé, y me encontré con Blanquita, la organizadora de la travesía correcaminos de Paipa, donde había estado el fin de semana pasado, venía con 20 ciclistas más a la travesía a la que Luis se había quedado en Tauramena, se sorprendió de mi color entre rojo y morado y me dio ánimo a seguir.  Ahhh pero antes de este encuentro, en pleno ascenso, me encontré con un compi de Iza (el pueblo de mi abuelo), Mario, que venía desde Sogamoso pedaleando a la misma travesía, este fue un encuentro emocionante aunque fugaz, solo nos gritamos el nombre y ninguno de los dos tuvo tiempo de parar.  Retomé fuerzas y pedal por ver El Charte, allí no paré, pero la verdad en mi cabeza aparecían las palabras de Alain (un cicloviajero francés que se había hospedado en mi casa semanas antes, y del que aprendí mucho), si sientes que no puedes más, no tiene nada de malo subirse a un bus y continuar. Pero no, faltaban menos de 15 km, tenía que lograrlo.  En La Guafilla, mi siguiente meta, un pedazo de piña y un poquito de sombra me dieron energía para continuar, allí llamé a María y le puse cita en 15 min en la tienda de la esquina de la casa, había que celebrar!.  Y así fue como llegué a Yopal,  cuando iba entrando por la marginal me sentía triunfante, nadie alrededor sabía lo que había hecho, pero yo sentía como si fuera entrando a una meta llena de espectadores, a las 4:25 pm, tal y como estaba planeado vi a mi hermana llegar para compartir conmigo la satisfacción del reto superado!.

13615153_10155298757962619_2781782094571259106_n

De las cosas bonitas, resaltables de esta micro aventura:

  1. Tomar la decisión, enfrentar el miedo y atreverme
  2. Empacar todo lo que podía necesitar en un canguro de unos 3Lt de capacidad y cargarlo conmigo en la cintura durante todo el viaje.
  3. Confiar en otro loco que apenas conocía, disfrutar de su compañía, compartir solo sonrisas (aunque en el fondo los dos teníamos miedo) y genuinidad.
  4. Conocer, Colombia es infinita…
  5. Tanto tiempo sola, sintiendo el cuerpo, la mente, el viento, la lluvia, los olores a leña, a diesel, no con durazno, sino con mango.  Así es, las carreteras de Casanare por estos días huelen a diesel con mango.

 

 

Andrea Barrera Zambrano
La Montaña, el camino, andar, correr, comer beber. Algo de ciencia y un poco de conciencia de la tierra.


2 respuestas a “Ligero el equipaje, ligera la mente, ligera el alma (Por Andrea Barrera)

  1. Agh!!! Tu eres una dura Andrea!!! Desde que eras mi jefe no cansaba de decirte lo isnpirador que es ver tu disciplina y buena vida!

    Las aventuras que se vienen me imagino que cada vez serán más desafiantes y retadoras. Si colombia es infinita, el mundo tiene su cota superiór asistólica (osea, superior a lo que comparabas como infinito).

    Me gusta

  2. Te cuento que te iba leyendo y ya estaba cansada tan solo de imaginar semejante travesía, pero que vaina más inspiradora para quienes aún no nos atrevemos a asumir retos. Qué berraquera la tuya Andrea!

    Me gusta

Deja un comentario