Una promesa en El Cocuy (Por Zé Estrada)

De una promesa hecha en El Cocuy nace este post. De una promesa de Jose y Sergio de hacer este viaje juntos, de una promesa de Jose y mía de dejarlo publicar en el blog. Por eso no soy yo la que escribe esta vez. Él es el primer invitado de otros que espero vengan con relatos para compartir en esta nueva fase donde Mochiliando By Yourself se abre a las historias de más viajeros, otros lugares, otras experiencias. 

Algunos advierten no escribir en pleno éxtasis para no exagerar sentimientos encontrados, pues un viaje siempre es mejor de cómo se cuenta (a no ser que quién lo cuente, mienta). Hace dos años, para ser exacto desde diciembre de 2012, llegó mi primera oportunidad de conocer la Sierra Nevada El Cocuy, estaba planeada mi fecha de ida y de regreso, ya tenía contemplados gastos y estaría para navidad de nuevo en Bogotá. No pude ir al viaje, ya que tenía un negocio cuadrado con mi gran amigo Sergio. Con la tristeza navideña, pero con los ánimos de emprender el viaje, comprometí a mi amigo a tener que conocer estos lugares ahora juntos. Pasó una navidad y mi regalo aún no llegaba, ni Sergio ni yo habíamos planeado nada, se iba perdiendo la ilusión, como una de esas promesas que uno hace para nunca cumplir. Me fui de la ciudad, llegué a otra y nada se concertó.

esquema de encuentro2

Varias cabañas hechas entre tierra, bloque, techo de zinc, una fila de baños mixtos y el espacio para acampar, rodeado de frailejones y montañas. Nada mal, a excepción de unos ruidosos vecinos de campamento. Izamos carpas y estábamos listos para nuestra primera caminata de aclimatación, algunos flaquearon en el ascenso, a tal punto de dimitir en su intento de ascender. Otros, teníamos claro el mensaje que desde la primera reunión se dijo: la montaña es de respeto.

Ya en enero de 2014, en otra esquema de encuentrociudad (Yopal), la oportunidad me coqueteó y se acercó a mí. Mis deseos parecían tener cara y alma, tan solo hacía falta un poco de cuerpo. Requeríamos equipo, preparación física y mental. “El Profe W” nos habló del panorama general de la travesía, yo lo dibujé. Reunidos en un café, nos contó sobre uno de los lugares más lindos de Sur-América, “El Soroche”, la aclimatación, Los Herrera, La Plazuela, El Alto del Conejo, El “Pulpito” (léase como pulpo pequeño), el Pan de Azúcar, y otro montón de cosas emocionantes. W nos lo contó todo, él ya conocía muy bien el lugar, nosotros no.

Tomamos en serio el viaje. Algunos con un entrenamiento más riguroso que otros decidieron hacer dietas, dejar de fumar, bajarle a la cerveza (sufríamos de alcoholatría post-laboral), trotar por las mañanas, montar en bici. Todo esfuerzo era válido para subir en “la cordada”, sólo 5 serían los afortunados de subir con el profe W. Fue mi oportunidad para convidar a Sergio a hacer realidad una de nuestras tantas promesas, él entusiasmado aceptó.

Llegó el día y el equipaje casi listo (Sergio me traía unos encargos desde Bogotá, entre estos, unas medias de fútbol que guardo desde el 97, blancas de franjas verdes para el atemorizante frío de la montaña), tan solo restaba esperar que W recogiera una parte del equipo de “expedicionarios” en una Montero V6 3000, quien fue nuestra noble amiga durante el recorrido. De canto en canto, buscábamos en el camino que nuestro único conductor (W) no le cogiera el sueño por sorpresa.

Al día siguiente, después de una noche de hotel por el camino, llegamos al pueblo verdiblanco «El Cocuy», allí nos encontramos con el resto del grupo. Ahora éramos 12 en total. Una maqueta gigante en la plazoleta principal del pueblo mostraba lo revelador que sería el viaje, pues tan solo conoceríamos uno de esos tantos picos nevados. Tramitamos la entrada al parque y tomamos camino hacia el campamento Los Herrera, yo que no conocía el lugar, imaginé una casa pequeña de madera, rodeada de montañas y una panorámica inmediata de los nevados (tal y como se veía en la maqueta), mi imaginación voló hasta que llegamos al lugar.

Volvimos a Los Herrera y el grupo de ascenso se iba reduciendo. Ahora seríamos 10 los que saldríamos a la mañana siguiente. La autodepuración no dependía del azar. La suerte ya estaba echada al estar dentro de la travesía. Dos treinta de la mañana, despertamos, alistamos ferretería, se dieron instrucciones, desayuno ligero y la infantería comenzó.

fotogrupo

Cualquiera que nos viera, apostaría por nosotros, no sólo por nuestros equipos sino por nuestro lenguaje; el profe W supo cómo entrenarnos. A medio camino, comenzaron los primeros compañeros a sentirse indispuestos, el soroche no era un mito, al menos uno de nosotros debía sufrirlo. El Alto del Conejo, fue la polea que impulsó a todo el equipo a seguir en el camino, fue nuestro primer avistamiento de los Ritacubas y el Pan de Azucar, entre otros, la nieve se veía próxima, el paisaje era abrumador, además el estado del tiempo estaba de nuestro lado. Todo despejado, emprendimos el ascenso definitivo a bordenieve; era el último esfuerzo de quienes no subirían hacia la cumbre del Pan de Azucar.

El equipo de seguridad no bastaba sino para máximo seis personas. El objetivo inicial de muchos de nosotros era conocer la nieve: mi primera foto en la nieve. Era tiempo de alistar arnés, crampones, piolet y sujetarse a una línea de vida, que estaría liderada por W. Por lo menos yo durante el ascenso quedé idiotizado unas 6 veces. La primera en el momento en el que estaba sobre el hielo, la segunda cuando comenzamos a acercarnos al Púlpito del Diablo, era tan grande e impresionante que no se podría comparar con cualquier edificio que hubiera visto antes. La tercera vez que me puse idiota fue nada más y nada menos que con el mismo pedazote de piedra, por la otra cara era aún más impresionante. El ascenso comprometía cada vez un mejor estado físico, el aire es tan delgado a esa altura que cualquier movimiento brusco logra hacer latir el corazón más rápido que con una mioclonía del sueñocima en un bus urbano. Durante el ascenso, no bastaba con ver la nieve, pues las grietas y las estalactitas parecían irreales. Ya llegando a la cumbre, el panorama era excepcional, ahora éramos los puntos negros sobre la nieve desde otras perspectivas. Quienes iban descendiendo auguraban una realidad, lograron su objetivo. Ahora iríamos por el nuestro. El final resultaba desafiante, debíamos ser cuidadosos, estábamos en un precipicio resbaloso, la línea de vida disminuía las probabilidades de riesgo pero no las anulaba. Todos dependíamos de todos. Los nervios eran evidentes, 5220 msnm eran comprometedores, así y haciendo uso de nuestras herramientas (como si alguna vez todos ya las hubiéramos utilizado), tomamos coraje y avanzamos hasta la cumbre. Un abrazo común, una sonrisa permanente y una mirada al panorama fueron nuestro reconocimiento a un esfuerzo y un sueño que ya había comenzado un tiempo atrás.

Fuimos los últimos en estar en la cima ese viernes 18 de abril de 2014.

El descenso fue agotador, no teníamos fuerzas para volver a pisar suelo seco, aun así nos tomamos fotos con el Púlpito del Diablo de fondo (asemejando un pulpo pequeño), volvimos satisfechos del recorrido que sumó 15 horas largas para regresar al campamento.

cumbre1

Sergio y yo cumplimos una promesa.

Vo. 26AB14 – Escrito para el Blog http://mochiliandobyyourself.blogspot.com/ |Sin Publicar|Joséle Estrperfiljoseada Arbeláez
Participa en proyectos de desarrollo sostenible, sistemas eficientes, agricultura urbana y construcción de país. Apasionado viajero, caricaturista y músico.   http://lnkd.in/fmVgvd

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