Rutas Argentinas II

-Rosario – Iguazú – Buenos Aires – 

De nuevo cruce la cordillera para retomar la Argentina, me iba acercando ya a Buenos Aires, pero antes tenía que parar en Rosario, ciudad que vio nacer al Che Guevara y  Fito Páez.

«Caminando por Rosario, pegadito al Paraná» (Fito Páez)

 

Río Paraná
Un cielo oscuro que se convirtió después en lluvia torrencial me recibió, obligándome a entrar a un restaurante y comer, después de muchos días de empanadas, galletas y sanduches,  un plato decente. Así que me incliné por unas milanesas, esas que tanto le gustan a los argentinos; no me mataron pero tampoco estaban mal, en su momento cumplieron su función, comida real en mi estómago. Sin embargo esa comida real después no se sintió tan chevere en mi estómago, desde ese momento odio las milanesas.

 

Parque Independencia

 

Finalmente fue una ciudad para tomármela con calma, decidí  no salir a conocer como demente, estaba muy cansada y me esperaba la gran Buenos Aires, tenía que guardar mis energías, así que una vista al Paraná fue suficiente disfrutar Rosario.

Hallazgos casuales que te cambian la vida

Por fin había llegado a Buenos Aires, está ciudad parecía ser un monstruo y todo el mundo hablaba de lo insegura que era. Ya estaba allí pero aún no era momento de conocerla, era sólo mi primer parada, Buenos Aires sería por unos días el punto central entre tanto ir y venir. 

Al día siguiente, sin haber conocido gran cosa, partí hacia Iguazú, me costó mucho tomar la decisión de ir a Iguazú, no estaba segura si sería un buen lugar,si valdría la pena invertir tantas horas de viaje y tanto dinero. Mientras planeaba mi viaje desde Colombia, mis papás que años atrás habían estado en Argentina, decían que tenía que ir a Iguazú, que no me podía perder este lugar, pero por alguna razón no me motivaba mucho. El caso fue que lo decidí en el momento y allá llegué una mañana después de un largo viaje en bus, mi plan era llegar temprano, ir a las cataratas durante el día y en la tarde tomar el bus de regreso a Buenos Aires, así me ahorraría el hostal.

 

Cataratas de Iguazú
Todo el día estuve en el parque, asombrada de la belleza de este lugar, qué tonta fui al pensar en algún momento que no valía la pena estar allí. Valió cada centavo y cada minuto invertido, las Cataratas de Iguazú son una cosa impresionante.

 

Esa tarde, mientras esperaba el bus que me llevaría de regreso a Buenos Aires, conocí a un personaje que aparte de llevarme a un mercado de comida increíble, me mostró el valor de las pequeñas cosas, esas pequeñas cosas que te hacen feliz sin más.
Sin buscarnos, tampoco sospechábamos que íbamos a encontrarnos

 

La mañana siguiente ya estaba de nuevo en Buenos Aires, ahora si empezaría a conocer esta ciudad, pero antes tenía que encontrar un hostal para quedarme. Para mi sorpresa ese fin de semana era el concierto de Cold Play y gente de todas partes había llegado a la ciudad, todos los hostales estaban a reventar, caminé por horas bajo el sol y la humedad porteña, y no encontraba nada, no había una sola cama en toda la ciudad.  Después de varias horas caminando por los barrios de Baires, sin encontrar un hostal donde quedarme, empezaba ya a desesperarme, en realidad quería sentarme en un andén a llorar, pero no lo hice, pues una mejor estrategia era meterme a un locutorio y empezar a llamar a todos los hostales que aparecían en la guía.
Así encontré el «Hostal de Granados» en San Telmo. Allá llegué lo más rápido que pude, el lugar estaba perfecto para pasar mis últimos días de viaje, no necesitaba más.
Esa noche, después de un paseo por la ciudad regresé al hostal dispuesta a dormir, pero antes pasé por la cocina por un vaso de agua. Recuerdo que entré y estaban allí cuatro chicos, cruzamos un saludo y uno de ellos me ofreció un vaso de vino del que estaban tomando, así que me sumé a su tertulia. Los cuatro personajes eran: Jacob, un californiano que se hacía llamar también viento; Mark, un inglés que vivía en el hostal y le gustaba pasar las noches bebiendo fernet; y Gustavo y Sebastián, dos chilenos que estaban cumpliendo su sueño porteño.  Mark, Gustavo y Sebastián terminaron siendo mis compañeros de viaje en Buenos Aires, con ellos conocí Buenos Aires sin esfuerzo alguno, ya en ese punto no quería pensar en direcciones ni mapas, ellos fueron mis mejores guías, Jacob siguió su camino.
Mark, Gustavo y Sebastián. Puerto Madero
La noche que los conocí, Sebastián me preguntó qué hacía yo, le respondí que era antropóloga y me dijo: «no lo puedo creer, déjame tocarte, yo siempre quise ser antropólogo». De inmediato pensé, un tonto más que dice que siempre quiso ser antropólogo, ¿por qué no estudio antropología y ya? Pero al minuto empezó este hombre a hablar de antropólogos famosos, había leído a Malinowski!!, eso sólo lo leemos los antropólogos, quién más querría leer eso? la respuesta es clara: alguien que siempre quiso ser antropólogo. Esa noche hablamos también de Isabel Allende, de García Marquez y Macondo, rompí su corazón al decirle que Macondo no existía, él siempre había querido ir a ese lugar, así que le dije: bueno no está Macondo pero existe Aracataca, algún día irás.
Churrasquito, un must
de la gastronomía callejera porteña
Tardes de parque
Así pasaron mis días en Buenos Aires con estos tres personajes, recorriendo las calles de la ciudad, tomando café por aquí y por allá, echados en parques, tomando mate en el día y fernet cada noche. Una de esas noches decidimos invitar a todo el hostal de fiesta, casualmente se armó un parche latino; mexicanos, chilenos y paraguayos salimos a bailar la típica cumbia villera, ritmos sureños que en ese momento me eran poco familiares. Al día siguiente, matamos el guayabo con el mejor menú argentino, un churrasquito. /Dato 1/ En Buenos Aires si o si hay que comer churrasquito, puedo asegurar que es absolutamente delicioso.
Noche de cumbia villera

Cornelia aquí y allá

Una breve historia de una Suiza llamada Cornelia, una historia que a Sebastián y a mi nos gusta recordar, y es por eso que he decidido ponerla aquí.
Es común encontrar a las mismas personas a lo largo del viaje en diferentes ciudades, la mayoría de veces es agradable volverlas a ver, pero qué onda cuando te encuentras con personas odiosas y desagradables como Cornelia? un personaje bastante particular y petulante que conocí en el hostal en Salta y la encontré de nuevo en el hostal de Buenos Aires. Un año después en una conversación con Sebastián nos dimos cuenta que los dos habíamos conocido a Cornelia en momentos diferentes y los dos habíamos pensado lo mismo de ella, qué mujer tan detestable!!! desde ahí esta historia es un hito para nosotros, pues la detestable Cornelia nos ha dejado un recuerdo que siempre nos hará morir de la risa.
Y bien… ¿Por qué resulta tan importante Buenos Aires? Creo que empieza a ser obvio, allí encontré a mi mejor amigo de la vida, han pasado cuatro años y seguimos haciendo todo juntos a la distancia, seguimos celebrando lo que llamamos «aniversario de un amor porteño», es decir, el aniversario de cuando nos conocimos, suena extraño y un tanto ridículo, pero los hallazgos casuales que te cambian la vida hay que celebrarlos. 
Por eso puedo decir que ellos, Sebastián y Gustavo, fueron  un hallazgo casual que quizás cambió mi vida. Son las cosas que pasan cuando estas solo, pues estoy totalmente segura que en otras circunstancias no los hubiera conocido.
Los 3, un año después en Santiago.
Este viaje acaba en Buenos Aires pero no acaba aquí. Aquí me despedí de ellos para cruzar a Uruguay, un alfajor para el camino y un adiós que se convirtió en hasta luego.

4 respuestas a “Rutas Argentinas II

  1. Leer su blog me hace mal, me dan ganas de salir corriendo a seguir recorriendo el mundo y aunque conozco la mayoría de las historias, la mayoría también me emocionan. Este post con Sebastian me ha arrancado una lágrima.

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