«Me gusta ese tajo que ayer conocí…»
– Salta – Mendoza –
Crucé caminando la frontera Bolivia – Argentina por el paso La Quiaca / Villazón. Después de varias horas de viaje bajé del bus para caminar hacia un nuevo país, tenía que caminar unos cuantos metros hasta llegar al terminal de buses. Mientras me iba acercando empecé a escuchar una famosa canción de Spinetta, Me gusta ese tajo, en ese momento me sentí como en una película, una entrada triunfal a Argentina y la banda sonora de fondo. Y así empezó Argentina, con música para recordar.
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| A un paso de Argentina |
Un encuentro fortuito
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| Plaza de armas de Salta |
Mi primera parada fue Salta, una pequeña ciudad con rasgos aún bolivianos, tanto en el aspecto de las personas como en su acento, incluso son comunes algunas prácticas como el mambear coca, prácticas que suelen ser comunes los países andinos del norte. Mi plan era quedarme sólo una noche, pero estando allá decidí pasar una noche más. Por un lado me encantó la ciudad, y por otro me encontré con Matthias, el chico alemán que había conocido en La Paz. En realidad este encuentro no fue tan casual, de hecho ya sabíamos que podíamos coincidir en esa fecha en Salta, desde La Paz él había bajado por una ruta y yo por otra, pero una vez llegamos a Salta nos escribimos para encontrarnos, parecía simple encontrarnos pero nos tardó todo un día de ir y venir, de cruzarnos por toda la ciudad hasta que por fin en la noche coincidimos en un mismo lugar.
Terminamos de conocer juntos la ciudad, encontramos los mejores panchos (perros calientes) de toda Argentina y me presentó el fernet, ese típico licor de hierbas argentino, aunque su amargo sabor me espantó al principio, mis noches en Argentina terminaron al ritmo de fernet, ahí le cogí amor y ahora me encanta. /Dato 1: hay que probar los panchos de esta ciudad, son una mezcla buenísima de ingredientes/ Dato 2: también hay que probar el fernet, sea valiente y no se deje espantar por su tosco carácter/.
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| Salta |
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| Estrategia para encontrarme con él |
Fue muy chevere encontrarlo, creo que estos encuentros son de las cosas buenas que pasan en este tipo de viajes, pues toda la gente que uno encuentra está viajando por los mismos lugares, por diferentes rutas y a su propio ritmo. Así que siempre es probable encontrarse con las mismas personas en otras ciudades durante el mismo viaje, incluso encontrarlas en tu propia ciudad cuando ya terminaste tu viaje pero ellos continúan el suyo. En estos casos tomas el rol de anfitrión para enseñarles tu ciudad.
Finalmente Matthias continuó su ruta hacia Bariloche, yo preferí seguir la mía como estaba planeada, mi próximo destino era Mendoza y de ahí cruzaría a Chile.
La ciudad de las plazas
Una ciudad para caminar, tomar vino y sentarse en las plazas a leer un rato. Mendoza es la ciudad de las mil plazas, es extraño pero no existe una plaza central con una iglesia, una típica plaza de armas, sino pequeñas plazas con monumentos a lo largo de la ciudad.
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| Una de tantas plazas en Mendoza |
Este lugar entre otras cosas, tiene uno de los mejores planes, ir en bici por todas las viñas, Argentina es relativamente barato y tomar este tour no cuesta mucho. Entonces el primer día averigüé para salir a la mañana siguiente en el tour. Muy temprano me recogió un carro con 5 viajeros más, una pareja de norte americanos, una pareja de ingleses que llevaban varios meses recorriendo el mundo como parte de su luna de miel, y un holandés.
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| Una de estas cosas no es como las otras, es diferente a… |
Así que sin querer terminé en un parche de personas mayores que yo, que además no hablaban español, por lo que mi tour por todas las viñas terminó siendo en inglés. Aunque no fue un problema para mi, éste y otros acontecimientos me han hecho pensar que para viajar solo, así sea por latinoamérica, es necesario saber ingles. Lamentablemente el turismo no está dirigido a latinoaméricanos, y todo el mundo se comunica en miles de dialectos, pasa en tours y en hostales, donde la información suele estar únicamente en inglés, en realidad resulta un poco ofensivo y excluyente.
Volviendo a la historia de las viñas, estuvimos todo un día recorriendo varias viñas por una zona campestre, íbamos en bici de viña en viña, en cada una nos explicaban el proceso de elaboración del vino y nos dejaban catar algunas sepas. En la última viña ya me sentía un poco mareada, así que por mi bien tuve que negarme a esa última copa, pues licor y bicicleta no son una buena combinación. En una de las viñas almorzamos, en un restaurante muy elegante donde vendían pizza, y aunque todos habían pagado el tour con almuerzo incluido, yo llevaba mi propio almuerzo. Sin embargo al llegar allá me antojé de la pizza, que por cierto era muy barata, así que terminé almorzando pizza y vino, de hecho por menos plata que si lo hubiera pagado como parte del tour /Dato 3: muchas veces es mas barato para todo por separado que en un paquete donde todo está incluido/.
Al finalizar el almuerzo pedí que me empacaran parte de mi pizza, era muy grande para mi sola y sería mi comida de los próximos días. Esto les pareció un poco extraño a los demás, no entendían que yo estuviera llevando mi comida, sin embargo preguntaron si quería llevarme también algunos pedazos de pizza que les habían sobrado a ellos, preferí no aceptar, me pareció muy chistoso, creo que ellos me veían con lástima, una pobre adolescente, sola y sin plata. Debo confesar que no es la primera vez que me pasa, ya en otros lugares han querido regalarme comida, este fenotipo ultra andino despierta en los de primer mundo unas ganas incontrolables de rescatarme de la pobreza, me resulta muy divertido.
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| Puente del Inca |
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| Sin querer, en Chile |
En mi último día en Mendoza salí hacia el Puente del Inca, unas rocas que forman un puente sobre el río Las Cuevas, camino a la frontera con Chile, muy cerca al Aconcagua. El puente del Inca no es gran cosa, es bonito pero no es para estar mucho tiempo allí, yo no sabía eso y llegué muy temprano al lugar, al poco tiempo ya no tenía más que hacer, así que decidí empezar a caminar por la carretera hacia el Aconcagua, a un par de kilometros estaba el mirador. Caminé durante un rato por la solitaria carretera, una moto se ofreció a llevarme pero obviamente me negué, seguí caminando y me encontré con un letrero que decía: Bienvenido a la República De Chile. Había llegado a Chile caminando sin querer, el control de inmigración estaba más adelante, así que caminé un poco más hasta encontrar un buen lugar para ver el Aconcagua y allí me quedé un rato, frente a uno de los picos más altos del mundo, él y yo en aquél solitario lugar.
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| El Aconcagua y yo |
Mendoza terminó muy bien, con un par de botellas de vino en mi maleta y lista para cruzar la cordillera de los Andes.
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| Por Los Andes hacia Chile |
Éste es sólo el comienzo de las rutas argentinas…










Dos cosas:
1. Particular frase para iniciar el escrito…
2. bici y vino no son mala combinación, de hecho una vez se monta a al bici, el efecto del alcohol se neutraliza de manera mágica.
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