Días de fado – Portugal

 By Myself por Europa

España – Italia – Francia – Portugal

10 meses después de Suramérica, me embarqué en una nueva travesía, no quería perder el impulso. Esta vez atravesaría el océano para recorrer parte de Europa del oeste, era pleno invierno y las noticias mostraban un panorama bastante oscuro, decían que era uno de los peores inviernos en Europa, mostraban imágenes de Venecia y otras ciudades completamente inundadas y la cosa pintaba difícil. Yo ya tenía todo listo y no iba a echar para atrás, así que en contra de todo buen pronóstico decidí subirme a ese avión y arriesgarme a pasar los próximos 31 días tomando café bajo las inclementes lluvias.
Esta vez la ruta se componía de 4 países, 4 idiomas, 1 mes  y yo. Quiero empezar por Portugal, el último país que visité y quizás mi favorito.

Portugal

Porto – Lisboa

Pocas veces Portugal hace parte de una ruta por Europa, no es el país más popular, pues la mayoría de viajeros tienden a coger la ruta del oeste. En ese momento no recuerdo qué me llevó a meter Portugal en mi plan de viaje, quizás alguien me lo había recomendado y lo mejor que pude hacer fue seguir esa recomendación.
No pasé más de una semana allí, por lo tanto solo pude visitar dos ciudades. Llegué desde Madrid en avión a Porto, uno de esos vuelos domésticos que suelen ser muy baratos. Desde que llegué me pareció un lugar bastante agradable, pero cuando empecé a buscar hostal ya no me pareció tan agradable. Algunos de los hostales cierran en enero por ser temporada baja, así que tuve que caminar mucho para encontrar algo, realmente estaba muy confundida porque había hospedajes, hostales, hosterías, hoteles, pensiones y no se cuantas cosas más, yo estaba en pleno centro de la ciudad y
Habitación en Porto
varios de esos lugares no lucían del todo decentes, era mi percepción, no sabía si iba terminar metiéndome a un motel, tantos nombres me confundían. Finalmente, después de mucho caminar por esas empinadas calles, encontré un lugar. Era una casa vieja y amplia, llena de escaleras y pasillos. Una mujer me abrió, era amable pero extraña, todo lo decía dos veces, como una máquina que repite todo textualmente. Ella me mostró la que sería mi habitación, un pequeño cuarto en el tercer piso en el último rincón de la casa, había casi que seguir un laberinto para llegar allí, de hecho tuve que fijarme en algunos objetos para recordar el camino, mi referente sería el viejo florero del pasillo. Este lugar estaba aparentemente bien, era un espacio pequeño, limpio y sencillo, así que decidí quedarme allí, realmente estaba aburrida de caminar con maleta. Salí de allí, no sin antes escuchar dos veces las explicaciones sobre como cerrar y abrir la puerta de la vieja casa.
Pastel de bacalao

En Porto el plan era simplemente deambular, en ese punto del viaje ya estaba fundida. Porto resultó ser un hit, estar sobre el Río Duero le da encanto aun en invierno, dicen que en verano es mucho más chevere. Así que caminando por la ciudad encontré mercados y celebraciones, al lado del río siempre pasan cosas, por un lado las mujeres, vestidas con prendas típicas, se ponen allí a vender algunos alimentos, mientras otros deciden bailar al ritmo de una banda militar que toca música Pimba. Mi primera impresión de este momento fue su aire caribeño, tenía más cara de ser un país latinoamericano que europeo, las mujeres bailaban con ritmo latino, la gente era espontánea y amable, era un lugar diferente a los demás países que había visitado en las últimas semanas. El borde del río, lleno de restaurantes y cafés, no es un espacio pensado del todo para el turismo, por el contrario resulta un poco cotidiano, se consigue comida local a precio local con gente local.

Yo sentía que irradiaba felicidad y tranquilidad al caminar, seguro tenía una sonrisa de oreja a oreja y hasta me veía más bonita, pues recibí un par de piropos, los portugueses, al igual que los italianos, son bastante coquetos. 

Porto fue genial ese día, pero cuando llegó la noche y tuve que ir a dormir a mi pequeño cuarto, en esa gigante y vieja casa, donde al parecer yo era la única huesped, ahí todo cambió. Estaba muriendo de miedo, pues debo aceptar que soy una gallina pa´esas cosas, además hacía muchísimo frío, obvio no había calefacción y la temperatura afuera era muy baja. El caso es que pasé toda la noche con la luz prendida intentando dormir. Al otro día decidí irme para Lisboa, así que esa misma noche tomé un bus, fue una buena decisión, aunque el hostal me sacó corriendo de Porto, alcancé a estar allí dos días, lo suficiente para conocer una ciudad pequeña.
Río Duero – Porto
La mañana siguiente llegué a Lisboa, metro directo al centro para buscar un hostal mejor que el de Porto. No se por qué, pero no tenía muchas expectativas de Lisboa, no creí que me fuera a sorprender. Pero pasó todo lo contrario, me encantó, fue muy fácil encontrar un hostal chevere, bonito, barato, con comida rica. Lisboa fue una ciudad para disfrutar con toda la calma, para caminarla sin ninguna prisa. Casualmente me encontré con un mercado de pulgas muy bonito, tuve suerte porque éste no estaba todos los días, era solo un día o dos a la semana, compré un par de cosas allí, quizás regalos, ya no recuerdo.
En Lisboa también comí delicioso. Para el que le guste comer cosas dulces, puede morir de la felicidad en las pastelerías comiendo Nata, un pastelito dulce típico de Portugal; también encontré pastel de cerveza, para aquellos con mayor tolerancia al dulce, y para aquellos que poco se atreven a probar cosas nuevas, también se les tiene el típico casero: arroz, carne asada, ensalada y sopa de pasta. En ese punto del viaje encontrar esa comida me hizo muy feliz, estaba verde de la dieta del sanduche y ese plato me hizo sentir como en casa.
Pastel de cerveza con cerveza
En cuanto al idioma, preferí siempre hablar en español, nos entendíamos mejor que si hablaba en ingles, así que fue muy fácil comunicarme. Portugal es un latinazo, amé este país, y eso que no fui a escuchar Fado, pues los que van dicen que es un must! Pero que se le va a hacer, hay cosas que a veces uno deja de hacer cuando está viajando solo, en esta ocasión confieso que me faltó actitud, energía y quizás plata para ir a un show de fado. Ya era mi última semana de viaje, para describir la situación mejor cito algo de mi diario: «ya llegué al límite de mugrienta, ni yo me aguanto mi olor, mi ropa huele muy feo, estoy muy chuchenta, ya necesito ropa limpia. Quedan pocos días para regresar y voy a saber lo que viene». Pocos días después de regresar a Colombia me fui a vivir a Chile, así que este viaje fue el inicio de una nueva etapa.
Torre de Belem

Cuando como me gusta dejar lo más rico para el final, en este viaje sin querer hice lo mismo. Si está por ahí en Europa échese  una pasadita por este país, es bonito, barato y fácil.

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2 respuestas a “Días de fado – Portugal

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