Cuba, Para ti es mi inspiración

Estuve aplazando esto por meses, apenas llegué empecé a escribir sobre Cuba como loca, quería contarlo todo, venía emocionada y lista para narrar, pero algo pasó y todo lo que había escrito se borró. Me molesté mucho y mi inspiración se fue. Ya han pasado varios meses y encontré inspiración nuevamente. Leer el post de Carolina Izquierdo sobre su viaje a New York y algo de música cubana, trajo suficiente inspiración para reiniciar el relato.
Más que cualquier otro viaje, este está repleto de anécdotas y episodios insólitos que solo pasarían en un lugar como Cuba. Intentaré narrar cada uno de ellos, esperando que queden aquí plasmados y no se pierdan en mi dispersa mente.
Para  mi amiga Yadira, 
quien seguro se siente orgullosa de pertenecer a un país tan particular como éste, un país de gente maravillosa como ella. 

Cuba… para ti es mi inspiración

 
La Habana – Varadero – Matanzas – Santa Clara – Trinidad – Santiago de Cuba
Hace unos meses estuve en Cuba, un lugar que siempre quise conocer y del que quedé enamorada, logró sorprenderme y cautivarme por completo, por eso empecé a escribir apenas llegué, porque estaba totalmente inspirada por el viaje. Fueron tan sólo 13 días en los que mi hermana y yo atravesamos Cuba casi de punta a punta, de La Habana hasta Santiago de Cuba, conociendo muchas personas en cada lugar, bailando en cada esquina y tirando fotos a cada momento, pues además es un país para pasarse días enteros tomando fotos, de seguro un paraíso para cualquier fotógrafo.  
 

La  Habana

Un aire de isla, obviamente caribeño, fue lo primero que sentí al llegar a La Habana, sin embargo a medida que me iba acercando al centro, se me iba pareciendo un poco a todo, algo así como una mezcla entre Cartagena (Colombia), Ciudad de Panamá, Viña del Mar (Chile) y Oporto (Portugal); quizás esto parezca poco coherente pero en realidad tiene sentido. Cada kilómetro se iba configurando la ciudad hasta componer la imagen de lo que es.
Habaneras

Una vez en el centro descubrí que esta ciudad era tal y como la mostraban algunos buenos fotógrafos amigos que habían estado allí. Sin embargo lo que más me llamó la atención en ese momento y de ahí en adelante, fue la forma como convive lo cotidiano y el turismo, hay vida en las calles, la gente es espontánea, a pesar de tener el turismo encima las dinámicas locales se muestran y se dan de manera simultánea a éste. Así como que uno va caminando y decide entrar a una escuela y ver a los niños en plena clase.

Cada casa en Habana Vieja es un mundo entero, se abren las viejas puertas de madera y uno no se imagina lo que va a encontrar adentro. En el caso de las posadas, aunque son casas remodeladas y adaptadas para el hospedaje, conservan su esencia. Una composición de muebles, lámparas, espejos y otras antigüedades nos dejaron boquiabiertas en nuestro primer hostal. Debo aceptar que apenas llegué, eché una mirada a la fachada del lugar y pensé: donde me estoy metiendo!! pues el panorama no se veía muy alentador, pero una vez adentro todo cambió.

Capitolio en La Habana

Es una ciudad para caminar, pues se siente segura. Aunque nos metimos por muchas calles, algunas poco concurridas por turistas, teníamos una sensación de seguridad que nos permitía caminar tranquilamente con cámara en mano. Supongo que existen robos, pero definitivamente no es lo que predomina. La Habana también es una ciudad de museos, empezando por el Museo de La Revolución, aunque es un lugar que se debe visitar, tengo que decir que me decepcionó, no es un lugar bonito, los guiones y montajes son casi artesanales y difíciles de entender, la exposición tiene un orden cronológico pero en ningún lugar dice donde empezar, entonces uno termina caminando por cualquier sala intentando darle orden al asunto. Definitivamente creo tiene todo el potencial para ser un museo mucho más agradable, sin duda la historia de la revolución es muy interesante y si van a cobrar una entrada de 6US, cuando el resto de museos son gratis, por lo menos deberían invertirle la platica al lugar. Por el contrario, el Museo de Bellas Artes es divino, un espacio totalmente agradable, aunque es gigante y solo pude conocer el edificio de arte cubano (porque también hay uno de arte universal), me encantó, totalmente recomendado.

Contrastes

Un Miami en los 80´s

Fue lo que pensé mientras estaba en Varadero, este lugar construido para el turismo y detenido en el tiempo. Lleno de hoteles que en su momento fueron lujosos, pero que ahora lucen casi retro.
El Camión
Cuando las personas van a Cuba normalmente van a La Habana y Varadero, en nuestro caso no teníamos muchas ganas de ir a Varadero, pues creíamos que era pura playa y es el plan que menos nos interesa. Sin embargo hicimos una corta parada allí, no estuvo mal, las playas igual son hermosas, pero Varadero como ciudad no parece Cuba, tiene poco de ese sabor cubano, en realidad no volvería. Igual esta parada nos permitió visitar Matanzas, que está muy cerca y se puede ir en el camión, el bus en el que se transportan los cubanos, es barato y hay que hacerlo. /Dato1/ En cuba existe el peso cubano y el CUC, 1CUC  es casi igual a 1US, esto es igual a 25 pesos cubanos más o menos. Con esto uno puede comprar 3 almuerzos en un comedor local. El punto es que hay lugares donde se cobra en CUC (lugares para turistas) y lugares donde los cubanos pagan en pesos cubanos. Como siempre es bueno andar entre lo local y cotidiano, uno puede cambiar US a pesos cubanos y moverse en transporte local como el camión (en este no se suben los turistas) o comer en las «ventanitas» o comedores locales, sale 25 veces más barato, pues un café para turista cuesta 1CUC, y un café para cubano cuesta 1 peso cubano.

Definitivamente Cuba es  mucho más que playas bonitas. Aquél que vaya a Cuba a hotel y playa, no tiene idea de lo mucho que se pierde.

El ponchero en este pueblo se murió

Playa Ancón

Estábamos en Trinidad y queríamos pasar el 24 yendo en bici a unas playas cercanas, así que alquilamos las bicis, no lucían muy bien pero era nuestra única opción, así que las tomamos. Le pregunté al dueño qué podía hacer en caso de pincharme, pero el me aseguró que eso no sucedería. Así que nos fuimos y ya, carretera hacia la playa, listas para una navidad algo diferente. No había andado mucho y empecé a sentir la bici algo pesada, pero seguí andando, hasta que más adelante un hombre confirmó mi sospecha: estaba ponchada.

Me bajé de la bici y empecé a caminar junto a él. Ernesto iba camino a su trabajo, un bar en La Boca, un pequeño pueblo sobre la vía. Al rato llegamos caminando a La Boca, Ernesto me ayudaría a conseguir un ponchero. Fuimos de casa en casa buscando al ponchero pero nadie daba razón de él, en la primera casa dijeron que había salido y que regresaría a las 2, en la siguiente casa dijeron que en el pueblo ya no había ponchero, en la última casa una mujer salida de un cuadro de Botero protagonizó la escena novelesca, al salir de su casa acompañada de sus pequeños y sucios hijos, anunciando:«el ponchero en este pueblo se murió». Ante semejante afirmación no pude más que morir de la risa, la escena era totalmente surreal, si supiera dibujar la dibujaría, pues aún la tengo en mi mente.

Camino a la playa en mi «nueva» bici

Igual seguimos caminando, Ernesto decía por doquier: ¿Quien le presta una bicicleta a la muchachita colombiana que se ponchó? Hasta que por fin apareció un alma bondadosa y me alquiló otra bici. Así que dejé la bici ponchada en el bar donde trabajaba Ernesto y continuamos nuestro paseo a la playa, unas rutas increíbles que bordeaban el mar nos llevaron por fin a Playa Ancón.
De regresó tenía que solucionar el problema de mi bici, pues aún no tenía cómo regresar a Trinidad. Así que en La Boca volví a la casa donde me habían asegurado que el ponchero regresaría en la tarde, y efectivamente allí estaba el ponchero. Pronto comprendí que éste no era el ponchero original sino el hijo del ponchero muerto, que para mi fortuna le había aprendido el oficio a su difunto padre. Allí estuve quizás una hora esperando por mi bici, mientras esperaba conocí a la familia entera, entre estos unos encantadores niños que sólo querían que les tirara fotos.  Al rato salió él con mi bici lista, no sabía cuanto me iba a cobrar pero suponía que no mucho. Al preguntarle por el precio me dijo: son 5CUC – equivale a 5US más o menos- , esto en Cuba es casi un cuarto de salario. Me sorprendió que me cobrara todo eso, 5CUC para mi no era nada, para él era mucho, me había salvado y yo quizás estaba salvando su navidad. En otro momento quizás hubiera peleado, negándome a pagar «semejante» cifra, pero aquí hubiera sido estúpido hacerlo, aún sabiendo que estaba pagando 50 veces más de lo que costaba, nada podía hacer, digamos que fue un favor mutuo.

Con los nietos del difunto ponchero

Oh! divina Trinidad

Una partida de dominó en las calles de Trinidad

Desde que empecé a planear el viaje, estaba buscando pasar navidad con una familia cubana, quería una típica celebración a lo cubano. Cuando llegamos a la divina Trinidad, porque es realmente divina, las dueñas del hostal, Bárbara y Nancy, dos viejas hermanas solteronas en las que nos vimos reflejadas mi hermana y yo (ella era tal como Bárbara, siempre enojada y con una queja en la boca, y yo tal como Nancy, siempre tranquila) no recibieron dándonos recomendaciones varias, entre las que reiteraban la prohibición de entrar hombres a la casa. El caso es que allí pasaríamos navidad, yo tenía la esperanza de que Bárbara y Nancy nos invitaran a su celebración, pues finalmente éramos sus únicas huéspedes. Pero no fue así, las hermanas solteronas irían a visitar a su tía -quizás más vieja y más solterona que ellas- y regresarían temprano a dormir, nada de fiesta, cero celebración. Resignadas decidimos ir a un buen restaurante en la ciudad, una cena romántica de navidad para las dos. Cordero y pulpo fueron el menú de la noche, comimos hasta enfermar, los platos en Cuba son baratos y abundantes, tanto que la cena navideña nos alcanzó como para tres días más, el cordero y el pulpo terminaron siendo sanduches.

Andrea siguiendo el ritmo cubano

Esa noche la ciudad, siempre de fiesta, meneaba sus caderas en cada esquina. Así que nosotras, adaptándonos a la lógica local, hicimos lo mismo, decidimos ir bailando de esquina en esquina, de bar en bar, aprendiendo un poco de ese sabor cubano.

La navidad se acababa y ya no había nada que hacer, había perdido la oportunidad de pasar navidad en familia cubana, ni modo. Seguimos nuestra ruta, la siguiente parada sería Santiago de Cuba, ubicada al otro extremo de la Isla, de seguro un largo viaje.

Sombras y colores de Trinidad

Changó, Oshún y otras deidades

Llegamos la noche del 25 a la Casa de Maruchi, el hostal donde nos quedaríamos en Santiago. Para mi sorpresa e infinita alegría, cuando llegamos estaban celebrando la navidad en familia, y aunque la tranquila fiesta estaba por finalizar, allí estaban todos reunidos en torno al lechón. Así que después de este largo viaje de 14 horas en bus, nos recibieron con un plato de comida cubana: lechón, congrí (arroz con fríjoles negros), yuca con mojo y ensalada, mejor imposible. Este recibimiento era un indicio de las cosas buenas que nos traería esta ciudad.

Un acercamiento a la santería

Para rematar mi felicidad, Maruchi y parte de su familia eran santeros. Todo el viaje había estado dándole vueltas a esto en la cabeza, esperando el momento de encontrarme con la santería  – pura curiosidad antropológica -, y este fue el momento. Terminé en medio de una familia santera que preparaba varios ritos por esos días, entre esos alistaba un pollo para hacer una limpia, y preparaba a un joven mexicano para iniciar su camino en esta práctica. Sin recelo alguno me invitaron a hablar con el mexicano en el pequeño cuarto donde permanecía, estuve un rato hablando allí con él, preguntándole cuanta cosa se me ocurrió y entendiendo que realmente este man estaba loco, había salido de un sanatorio y ahora creía que su destino era iniciarse en la santería. Sin embargo esto no le restó lo legítimo y bonito a la práctica y al momento, yo seguía encantada, tanto así que decidí pedirle una cita a Jesús, hermano de Maruchis y santero, me dijo que me esperaría a la mañana siguiente en su casa.

Mi ofrenda para Oshún

Solo diré que esa mañana, entre rezos Orula me  auguró estabilidad, por mi parte le hice una ofrenda de flores a Oshun. ¿Creer o no creer en esto? Debo decir que no suelo creer del todo en estas cosas, igual lo hice con respeto y fé; nada pasó, nada cambió, simplemente fue una experiencia más, muy bonita por cierto.

De la adaptación a la genialidad

En el mercado callejero

No hay nada que no tenga arreglo en Cuba, pues el bloqueo los ha llevado al ingenio máximo de arreglar y reinventar todo lo que tienen. Lo que pasa con las bicicletas es particularmente chevere, pues todas las bicicletas allá, al igual que los carros, son muy viejas y constantemente se dañan, pero esto no ha sido inconveniente para los cubanos que todo lo pueden, si no lo saben lo aprenden, si no lo tienen lo hacen. Por supuesto todo se reutiliza allá, se arreglan desde encendedores (fosforeras) hasta bicicletas, como diríamos por aquí, allá nadie se vara, realmente tienen talento para esto.

«Se reparan y se llenan fosforeras»
A propósito de las bicis en Cuba, hace poco me compartieron este video: (http://www.gizmodo.com.au/2014/09/how-a-country-that-has-no-new-bike-parts-fixes-its-bicycles/)

¿Quién es el último en la cola?

Es una pregunta que aparece cada vez que estás en una fila, una pregunta que me empezó a darme pistas para entender a Cuba, entender a los cubanos. Por supuesto no voy a decir que comprendí la sociedad cubana y su sistema. Es muy difícil entenderlo y más aun tomar alguna posición, cuando uno no es más que un viajero con ojos de viajero, por más que se intente observar de otra forma, la realidad siempre se construirá desde la experiencia del viaje.

Plaza de mercado en La Habana

Por un lado La Habana resulta particular al compararla con otras ciudades, allí todo se ve más carente, para decirlo crudamente, más sucio y más pobre, las casas se están cayendo, el comercio es limitado y es difícil conseguir varios productos. Sin embargo cuando uno va a Vedado (el barrio alto) se da cuenta que las diferencias y clases sociales si existen en ese sistema, que las diferencias de hecho son muy marcadas, que definitivamente no todos son iguales. Ahora, fuera de la capital todo cambia, las otras ciudades se sienten diferentes.

El punto es que sin importar de que ciudad sean, en general los cubanos son personas espontáneas,  generosas, solidarias y honestas. Existe en ellos un pensamiento y sentimiento de colectividad, no buscan pasarse por encima del otro. El caso de la fila es el ejemplo más claro, es el reflejo de  sus valores como sociedad, así funcionan. Obviamente hay de todo, pero lo que digo es que esto es lo que predomina en los cubanos, se piensan como sociedad, o por lo menos fue eso lo que sentí, lo que vi. Es solo la percepción de un viajero.

Él quería un chicle, yo una foto.

Music everywhere

Uno siempre asocia Cuba con música, cree que en todo lugar suena música. Yo creía eso y así lo viví. En Cuba uno va caminando y en cada esquina suena algo, gente cantando y músicos tocando por ahí. Particularmente Santiago es la ciudad de la música, pues además allá se encuentra son cubano, trova, jazz; es una ciudad para escucharla, por donde íbamos la gente cantaba y bailaba, invitándonos a disfrutar con ellos. Vimos jazz, trova y salsa en vivo, en algunos casos sin pagar ni un peso.

Cuba es para enamorarse, enamorarse de los lugares, enamorarse de los cubanos, que además son muy guapos y guapas, enamorarse de la música e inevitablemente de la comida. Conocimos gente hermosa, nos contagiamos de la alegría cubana, nos reímos con la extrema coquetería de los hombres cubanos, y nos trajimos un poquito de ese sentido colectivo que harta falta nos hace a los colombianos.

Caminando con Adonis (Santiago de Cuba)

Tengo mucho que elogiarle a ese país, también mucho que criticarle, pero sin duda volvería, hasta dan ganas de quedarse. Como decimos últimamente por estos lados, tiene alma, Cuba es un país con alma, muy rítmica y colorida por cierto.

Hasta Siempre Cuba

Quedan muchas historias por contar, quizás esto tenga segunda parte.


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